Renuncia del Papa Benedicto XVI: Una inesperada renuncia y una prueba de fuego en torno a la sucesión. La realidad eclesiástica está bajo la lupa del mundo alimentando expectativas de renovación. ¿Qué futuro se prevé? ¿Continuará la línea dura y conservadora como hasta ahora? ¿Y si para capear la crisis la curia se inclina por un Papa Latinoamericano? Frente a tantos interrogantes, Correveidile consultó la opinión de Vicente Reale, sacerdote católico y referente del grupo Curas en la opción por los pobres.
Por Eva Guevara
-Abierto el escenario tras la renuncia del Papa y pasado el momento de sorpresa por ese gesto de Ratzinger, han surgido unas cuantas dudas en relación a un relevo en clave de crisis y frustración para el Estado Vaticano. ¿Cuál es su análisis?
-En primer lugar, cabe destacar que esta renuncia, además de mostrar sensatez y humildad, nos está hablando de que algo -o mucho- debe cambiarse no sólo en lo institucional de la Iglesia sino, también, en el modo como ésta desea relacionarse con sus mismos fieles y con el mundo donde está inserta. Cuando el Papa habla de “cosas sucias” y de “soberbia”, lo hace teniendo en cuenta la complejidad estructural de la sociedad actual, a la que la Iglesia desea entregar el evangelio de Jesús. En lo institucional, creo que éste es un momento providencial para que la Iglesia católica termine de desembarazarse de toda una estructura románico-medieval que arrastra desde siglos y que la ha hecho asemejarse más al funcionamiento de un Estado político que al de una comunidad de creyentes.
-¿Se refiere concretamente a que el Vaticano debe desaparecer como tal?
-Me refiero a su carácter de Estado así como el carácter de Jefe de Estado del Papa. Creo que Jesús de Nazaret claramente quiso que los creyentes en él formaran “una comunidad de hermanos”, donde todos fueran iguales como personas y como creyentes, y que dentro de esa comunidad hubiera “distintos roles y servicios” para la buena marcha de la misma. También me refiero a que el Obispo de Roma -que a la vez tiene la responsabilidad de mantener en la unidad a las diversas iglesias locales esparcidas en la tierra- tenga una relación “directa y fluida” con todos los Obispos del mundo, lo que conlleva la desaparición de la Curia Romana tal como hoy la conocemos, la abolición de los Nuncios Apostólicos para las distintas naciones y la instauración de un Consejo Permanente para el obispo de Roma, Consejo que deberá ser elegido por los Obispos de los distintos territorios y ser portavoz de los mismos. En definitiva, considero que habría que eliminar todo tipo de jerarquías, títulos, dignidades, nomenclaturas, funciones y vestimentas que reportan a épocas pasadas y que no responden al espíritu de simplicidad y de pobreza del Nazareno.
-Hoy se habla de un escenario de reforma pero no hay señales concretas que permitan abrigar una esperanza. Aunque sí es sorprendente que esté en el tapete la posibilidad de dar un giro en la forma de relación que viene manteniendo la Iglesia con los católicos y el resto del mundo circundante.
-Yo creo que el cambio pasa por hechos concretos, como el reconocer la igual dignidad y derechos que asisten a todos los fieles creyentes y vinculados a la Iglesia por el bautismo, darle mayor relevancia, participación y mayores responsabilidades a las mujeres dentro de la comunidad creyente e insistir en que quienes “prestan un servicio” dentro de la comunidad son, precisamente, servidores de la misma y no dignatarios. Y lo que es central: que la Iglesia católica entre en un verdadero diálogo “de palabras y de actitudes” con la cultura de la sociedad actual, recibiendo todo aporte bueno que provenga de ella y proponiendo -no imponiendo- los valores que surgen del Evangelio, propuesta que deberá ser respaldada por el testimonio de vida de cada uno de los creyentes.
-¿Con la elección del nuevo Papa, todo seguirá igual, se irá hacia una línea más dura o se irán produciendo, gradualmente, esos cambios que apuntó?
-No es posible adelantar hipótesis alguna, porque entre los Cardenales Electores coexisten las tres tendencias. En mi opinión, y remitiéndome a lo que decía de que nos encontramos en un momento providencial para una sincera reforma de la Iglesia -hacia adentro y hacia afuera- creo que todo lo referido a la Iglesia que ha visto la luz desde hace varios años a esta parte y el talante y significado de la renuncia de Benedicto XVI me impulsan a sentir que transitaremos por buenos caminos. Me uno a todos los fieles católicos en la oración y en el compromiso de vida para que así sea.

