miércoles, febrero 18, 2026
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¿Dónde se originan los conflictos de la niñez y adolescencia?

En los últimos años se ha hecho cada vez más visible la preocupación por el aumento de los problemas de salud mental en niños y adolescentes: dificultades para regular las emociones, cuadros de ansiedad, impulsividad, agresividad y una creciente desconexión afectiva asociada al uso excesivo de pantallas. Frente a esta realidad, creemos necesario volver la mirada hacia el inicio del desarrollo humano, a ese momento fundante donde el bebé comienza a construir su mundo interno: el primer vínculo con la madre.

Desde este espacio, proponemos reflexionar juntos y comprender el origen de estas dificultades desde sus raíces más tempranas.

Los primeros años de vida son determinantes para las futuras interacciones del niño, tanto en el contexto familiar como en el social. A medida que comienza a conectarse con el mundo exterior, su sistema nervioso central va madurando, y para ese proceso resulta esencial la atención y el amor que recibe de su madre o de quien cumpla ese rol. En este primer vínculo madre-bebé se sientan las bases de su desarrollo psíquico y emocional, lo que algunos autores definen como apego, un lazo afectivo que será decisivo para su confianza y bienestar a lo largo de la vida.

El apego seguro es el tipo de vínculo afectivo que se establece cuando un bebé siente que la persona que lo cuida (generalmente la madre o figura materna) está disponible, lo protege, responde a sus necesidades y le brinda afecto de manera constante y previsible. Cuando esto ocurre, el niño desarrolla confianza básica: aprende que puede acudir al otro cuando se siente mal, y que el mundo es un lugar seguro donde puede explorar sin miedo. Por eso es tan importante la calidad de este vínculo.

La figura de la madre, o de quien cumpla este rol, es la figura principal del apego. Este, se puede fortalecer e incentivar desde el primer contacto del bebe con la vida, a través de la lactancia materna, cuando sea posible, fuente insustituible de nutrición, acompañada fundamentalmente de caricias, miradas y contacto corporal, en este vínculo madre y bebe.

Analizamos este vínculo a través de las teorías del psicoanalista Jacques Lacan, seguidor de Freud, quien plantea que existe un Otro (la madre o cuidador) que actúa como un espejo: el bebé, todavía indefenso, se ve, se sostiene y se reconoce en esa mirada. El bebé necesita ser mirado, y es en ese acto donde comienza a circular su deseo: el deseo de ser amado y reconocido por la madre, única forma, en ese momento de la vida, de sentirse sostenido y de comenzar a desarrollar la confianza básica y su mundo interno.

De ese modo comienza una comunicación y conexión, entre mamá y bebe, la mamá empática y sensible sincroniza con el bebe, pudiendo diferenciar sus necesidades, interpretar su llanto, brindarle su apoyo y contención.

Es decir que, esta confianza básica posibilitada por este primer vinculo, comienza a construirse desde el contacto piel a piel, voz suave y amable, que trasmita afecto, alegría y seguridad, todo esto es lo que llama a la vida, invita a crecer, a evolucionar, a confiar en las propias capacidades y en los demás.

Esta es la matriz generadora de los futuros modos de vincularse de la persona, de esta manera los padres deben promover un óptimo desarrollo de su hijo a lo largo de las distintas etapas de la vida, respondiendo a la necesidad del niño de ser aprobado y reconocido.

“Para Lacan el deseo humano no es algo que nace espontáneamente si no que es un deseo de ser deseado por el otro”

Lic. Carlina Catania de Perone

Lic. Julia Terranova

Mother shouting at her daughter in living room at home

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