Dr. Alberto Montbrun
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En los últimos años, la expresión Democracia Autoorganizativa ha logrado introducirse gradualmente en el lenguaje académico y político. Como he aclarado infinitas veces, NO SE TRATA de una nueva ideología o una nueva propuesta política. Se trata de un sistema de gerenciamiento de la convivencia asentado sobre los VALORES de la Democracia tradicional, pero basado en los pilares científicos de la Sistémica, la Cibernética y la Complejidad.
Las democracias contemporáneas están atravesando una crisis muy profunda, si no terminal. No se trata solo de “malas decisiones”, sino de una desconexión estructural entre sociedades altamente dinámicas y sistemas institucionales diseñados para un mundo más simple, estable y antiguo. Los principales fenómenos observables son: pérdida de confianza y apoyo a las democracias en general; crisis de la intermediación política y aparición de populismos carismáticos que emergen como “la salvación” y no son más que el viejo rostro del fascismo o el estalinismo, aunque con un envidiable soporte en las redes. Por otro lado es notoria la falta de capacidad de los Estados para resolver los problemas de la gente, a la vez que emergen problemas públicos extraordinariamente complejos que no admiten soluciones lineales (cambio climático, seguridad urbana, desigualdad, economía digital).
Hay que tener en claro por qué las Democracias hoy no están funcionado. Sencillamente porque están operando sobre la base de paradigmas científicos del siglo XIX para problemas -y reconfiguraciones organizacionales- propias del siglo XXI. Sin embargo, atontados en altos niveles de obsolescencia, los politólogos tradicionales insisten en explicaciones que no atienden al cambio de paradigma científico y la emergencia de las ciencias de la Complejidad. La obsolescencia paradigmática de los líderes y los Estados -en todos sus niveles- se acompaña también con la decrepitud de los órganos tradicionales de gestión de la convivencia: las escuelas, las universidades, la justicia, las policías, las iglesias, los sistemas de contención de la vulnerabilidad, etcétera.
Respecto de las claves de la Democracia Autoorganizativa, pueden sintetizarse en pocos pilares:
- a) Basamento científico en la Teoría Sistémica, Cibernética y de Complejidad, lo que implica una conjunción simbiótica poderosa de las corrientes científicas que -como la teoría cuántica, la psicología gestáltica y constructivista, la termodinámica del no equilibrio, la geometría fractal, la ecología, la teoría de caos y la teoría de redes, entre otras- reconfiguraron el paradigma positivista newtoniano cartesiano.
- b) Capacidad distribuida de procesamiento, es decir comprender que la inteligencia democrática no puede estar centralizada. Las decisiones deben incluir redes ciudadanas, comunidades locales, actores técnicos, plataformas de deliberación e instancias multicapa (municipios, regiones, Estado nacional).
- c) Instituciones flexibles, adaptativas, es decir diseños que permitan sin trauma situaciones de ensayo y error, aprendizaje continuo, gobernanza experimental, revisión dinámica de normas y adaptación permanente.
- d) Participación generativa, no solo consultiva, lo que equivale a postular que la ciudadanía no debe ser solo votante, sino que debe ser coproductora de lo público a través de infinitas estrategias como los presupuestos participativos, jurados ciudadanos, asambleas deliberativas, innovación abierta con vecinos y plataformas de codiseño.
- e) Ecosistemas de colaboración en los que el Estado no gobierna solo: gobierna con redes públicas, privadas y comunitarias. La política deja de ser “competición pura” y pasa a ser coordinación cooperativa.
- f) Regeneración del vínculo social ya que, sin capital social suficiente, la democracia es un cascarón vacío. Una democracia autoorganizativa exige confianza, reciprocidad, normas emergentes y estructuras comunitarias fuertes. Esta democracia no se construye desde arriba: emerge desde abajo y desde los lados.
Las viejas ideologías (izquierda/derecha; conservador/liberal), que fueron concebidas para la sociedad industrial, más predecible y más homogénea, hoy aparecen muertas porque no capturan la complejidad real del mundo actual. Pero cuidado: la desaparición de las ideologías rígidas, prescriptivas y programáticas no implica la desaparición de los valores, ya que estos vienen siendo generados por el propio ADN de la humanidad a lo largo de centurias. Puede sostenerse que los valores democráticos son tautológicos en un sentido positivo, complejo y autoorganizativo porque no dependen de un fundamento externo, se justifican y se estabilizan entre sí, funcionan como bucles que producen y reproducen la democracia y su validez emerge de la práctica democrática misma.
Nos suelen preguntar si existe esta modalidad de la Democracia en algún lado. Sí, hay miles de aplicaciones reales de democracia autoorganizativa verificándose en todo el mundo. No son teorías: son fenómenos empíricos que operan -tal vez haciéndolo o no explícito- bajo el prisma de la autoorganización y de los Sistemas Adaptativos Complejos. Entre infinitos ejemplos podríamos citar la experiencia Zapatista en Chiapas; los Transition Towns en Inglaterra y extendiéndose por Europa (redes comunitarias que producen resiliencia local energética y alimentaria; las Asambleas ciudadanas por el clima en Francia e Irlanda; los Cabildos ciudadanos de Chile entre 2019 y 2020); los Community Land Trusts de EE.UU. e Inglaterra. En Argentina, podemos citar los ejemplos de la Cooperativa La Juanita, de La Matanza, que exhibe concretos pasos de innovación social, trabajo, educación y gobernanza comunitaria; la Cooperativa El Ceibo (CABA): gestión de residuos autogestionada, con lógica circular; la Asamblea de Vecinos de Esquel: acción colectiva autoorganizada contra la minería o Asamblea de Andalgalá: resistencia territorial con estructura reticular. También suelen preguntarnos qué autores leer sobre este tema. Bueno, solo por citar los que más respeto, debemos mencionar a Norberto Bobbio, Niklas Luhmann, Daniel Innerarity, Edgar Morin, Humberto Maturana, Francisco Varela, Fritjof Capra, Elinor Ostron, Ilya Prigogine, Gregory Bateson y tantos más.
La Democracia Autoorganizativa avanza más allá de que los líderes o los académicos obsoletos no lo adviertan. Ya espabilarán, o la gente se los llevará puestos.

