Es que ha perdido a una de sus notas más sensibles y profundas. Se fue Felipe Staiti, y con él, una forma única de sentir y contar la música desde la guitarra.
Pero, además, los mendocinos hemos perdido “una persona maravillosa”, como lo definen unánimemente sus amigos y afectos.
Nuestro amigo Felipe
Dos amigos de la vida, que compartieron el derrotero musical del Gran Felipe, comparten su sentir. Oscar Sayavedra, impulsor de Los Enanitos Verdes en Buenos Aires, y Natalio Faingold, músico pionero del rock mendocino, cuyo camino se cruzó -y coincidió también- infinidad de veces con Felipe.
“La llegada de Oscar a Buenos Aires coincidió con la recuperación de la democracia. Fue por el’83 cuando se instaló en el medio pidiendo apoyo para sus muchachos, que eran unos ignotos grupos llamados Soda Stereo, los Enanitos Verdes y Autobús”, recuerda Walter Pintos, reconocido periodista por aquellos años de Clarín, relatando los inicios de la profesionalización de todos los actores implicados en el sector rockero de la industria musical: músicos, técnicos y productores.
Guitarra, vas a llorar
Gracias por tanto, Negro querido. Por tu sonido único, tu amistad profunda, tu sentido de humor, tu Veca, tus hijos, tu Staiticaster, tu Falcon viajero, tu Madre con los caramelos en la escalera hacia la sala de ensayo, tus Jíbaros de Gutemberg, tu pasión pincharrata, tus vinos increíbles.
Fuiste desde el comienzo el motor claro y afinado de Los Enanos. Hasta el final. Te pusiste la capa de superhéroe al decidir, con tremendos cojones, ponerte en el lugar vocal de Marciano, y saliste airoso. Reformulaste la banda con los mejores y siguieron creciendo. Una jugada épica que el mundo agradeció en shows llenos de emoción sincera.
Este verano, cuando fuiste al Aconcagua con tu amada Veca, luego de las trampas de la celiaquía, pensé que eras invencible. Pero el destino dijo otra cosa.
Nos queda tu música y los momentos que nos regalaste a todos los que te amamos y admiramos. Mucho más de lo que nos entra en el corazón y el alma.
Buen viaje Feli….te esperan Marciano, Luis Alberto, Borges y Zappa en el merecido paraíso.
Oscar Sayavedra
Estaba llegando a Malargüe desde el Valle Nobre, a través de la montaña, cuando conecté mi teléfono. En ese momento entró un mensaje con una sorpresa terrible. Había fallecido Felipe. Comencé a buscar información, eran las 9 de la noche, y hablé con algunos amigos que tampoco lo podían creer. La verdad, estoy muy triste, Latinoamérica está muy triste, Estados Unidos está muy triste, el mundo entero de la música está muy triste por la partida de Felipe.
Pero al mismo tiempo quiero rendirle homenaje como amigo, como músico, como trabajador de la música, como alguien que se puso el grupo al hombro después del fallecimiento de Marciano, que no fue hace mucho. Y entonces me parece que Felipe entregó todo en esta salida hacia adelante, una salida de vida, de querer seguir con todo a pesar de que Marciano ya no estaba.
Le agradezco todas las guitarras que grabó en mis canciones, en mis búsquedas, en mis recitales, en todo lo que agregó musicalmente. Siempre estaba dispuesto a eso.
Nos habíamos conocido a mediados de los ’70, en los comienzos con Alta Blanca. Ellos ya estaban armando Enanitos Verdes, así que Felipe ha sido parte de mi vida musical, compañero de una época y toda una vida. Es difícil acostumbrarse a que no esté entre nosotros, ya se lo extraña.
Felipe, dejaste algo muy bueno en este mundo que está tan complicado. Fuiste una persona maravillosa.
Natalio Faingold


