jueves, abril 23, 2026
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 Correo de lectores: Sobre lomos de burro y bicisendas en Luján de Cuyo

 

Había una vez, en un lejano país, llamado Argentina, y en una provincia muy diferente al resto, Mendoza, un departamento muy bello, ordenado, con una gran tradición vitivinícola, Luján de Cuyo, denominado así supongo, para diferenciarse de su tocayo bonaerense.

Si bien antes, este sector de la provincia, era un área predominantemente agrícola, desde hace ya unas décadas, el área Norte del Departamento se ha transformado en un “deseado lugar” para vivir con excelentes condiciones de vida.

Sin embargo, como siempre ocurre, “no es oro todo lo que reluce”, y el “país de las maravillas” tiene algunas imperfecciones, no vistas por ojos que “ven, pero no miran”, y que el tiempo puede llegar a incrementarlas, acelerando un proceso normal de degradación.

Una de esas imperfecciones guarda relación con la circulación de vehículos, sean particulares o públicos, en sus calles, avenidas y rutas. Quienes circulan de a pie o en vehículos, tienen normalmente espacios específicos por los cuales pueden moverse, con ciertas características que les ofrecen seguridad, derechos y obligaciones.

Una de las condiciones básicas de una vía de circulación es que sea “expedita”, es decir, libre de toda traba o perturbación, lo que significa, por ejemplo, que una calle no debe tener pozos, grietas, promontorios (naturales o artificiales), etc., que puedan provocar accidentes a quienes la transitan. O tampoco, en el caso de rutas o autopistas, como requisito suplementario, la no existencia de carteleras publicitarias próximas, que distraigan la atención de quienes conducen.

Si bien los inconvenientes que cito, se dan también en otros departamentos, expresaré mi opinión solamente respecto a lo que sucede en la Villa cabecera, así como en sus alrededores (Chacras de Coria, Vistalba, Drummond, etc.).

Toda esa área urbana y semiurbana, se ha desarrollado sobre el pedemonte cordillerano, con pendientes importantes tanto en dirección Norte-Sur, como principalmente, Oeste-Este. Cuando se reconstruyó la ciudad de Mendoza, después del terremoto de 1861, cambió el criterio de diseño para las zonas de circulación angostas, por calles y avenidas anchas, agregándose la formación de cortinas de árboles, que además de generar un micro clima, lograran formar una especie de “muros contenedores”, para que, en caso de terremotos y derrumbes, éstos permitieran que las calles quedaran libres de escombros y se pudiera continuar circulando por ellas en la emergencia.

Hoy día, al construirse bicisendas y colocarse lomos de burro por doquier, se altera ese objetivo.

Por un lado, el uso de bicicletas para el traslado diario de una gran parte de la población es “utópico”. No somos como ciudades planas europeas donde la circulación con bicicletas es masiva. Bicicletear en un área pedemontana demanda mucho esfuerzo, según la dirección que se deba tomar, salvo que se usen bicicletas con motor.

 

En muchos casos, la no disponibilidad de espacio, ha obligado a construir bicisendas quitando amplitud a calles y avenidas existentes. No se ha tenido en cuenta siquiera, que se le ha quitado espacio de circulación a quienes pagan patente y otras obligaciones por el vehículo que los traslada, mientras que a quienes no pagan ningún tipo de patente o impuesto, se les ha facilitado su traslado. En otros lugares, donde las bicisendas toman el lugar de las veredas, los ciclistas entran a competir con los peatones, con mayor riesgo para éstos últimos, en caso de accidentes. La mayoría de las bicisendas construidas, van a un costado de las calles, con sólo un pequeño elemento divisorio, de unos 10 cm de altura, estimándose que eso es suficiente “protección” para ciclistas y peatones. Y su pintura verde no contribuye en casi nada al respecto.

SUBTITULO: Badenes y lomos de burro

Debido a la cantidad de lomos de burro y badenes colocados, daría la impresión que los regalan y son muy baratos. Muchos han sido ubicados o construidos en lugares donde una buena técnica indica que no es el sitio correcto, por lo cual cabe preguntarse… ¿si los mismos son puestos o realizados donde los vecinos quieren… o donde un profesional del municipio no capacitado indica… o lamentablemente donde lo decide un político?

Además, los lomos de burro metálicos parecen ser fabricados por los talleres de suspensión de vehículos, o sus fabricantes ser socios de ellos. Y hay elementos que parecen diseñados para provocar accidentes y muertes, de modo tal, que después el municipio respectivo tenga que indemnizar a las víctimas, con los impuestos que todos pagan, para ganancia de cierta clase de abogados. Contribuye a provocar accidentes la falta de mantenimiento posterior: amarillos al principio, negros al tiempo por frenadas, lisos en un comienzo, irregulares después.

Me imagino a quien decide la colocación de estos elementos, siendo trasladado en el futuro, en una ambulancia tras sufrir una emergencia, y gracias a esas vallas por él colocadas, perder la vida, por llegar muy tarde a un hospital. O si se le incendia su vivienda, que los bomberos lleguen tarde por tragarse un lomo de burro y volcar.

No se puede legislar en función de los malos. A quien no obedece las normas de tránsito debe sancionársele, o inhabilitarlo para siempre, y no poner trabas para todos, sean cumplidores o no. Aprendamos a actuar como dicen en la Nación… “El que las hace, las paga”, y no sólo a predicar y no realizar.

 

Por Ing. Ricardo R. Claverol

Ingeniero Civil jubilado y Docente universitario

 

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