El domingo pasado, tipo 21:30, dos tipos estaban sentados en sus respectivas casas, esperando, resignadamente, el lunes y, tipo 21:35, se enteraban de que habían ganado 2 millones de dólares, cada uno, en el Quini 6. Ahora, esperaban, desesperadamente, el lunes, pero para ir a cobrar.
No tenían la ilusión de ganar. Tenían la esperanza. Que no es lo mismo.
Porque en los juegos de azar no hay azar puro, hay probabilidades. Una en millones, pero hay. Lo que no hay en el juego, como en la vida, es la posibilidad de manipular el azar. Ir a comprar el billete es necesario, pero no es suficiente.
¿Pero, existe la suerte?
Leí por ahí que sólo hay un azar, difícilmente previsible, que actúa sin pausa, sin reparar en a quién premia y a quién castiga.
De pibe, conocí a alguien al que, a su abuelo, inmigrante alemán de la post guerra, le había tocado dos veces la lotería. ¿Dos veces?, decía yo. Eso sí que es tener…ulo.
Hace poco me enteré, por un documental, que una de las formas para lavar el dinero nazi era comprarles el billete de lotería a los ganadores.
No puedo unir las dos cosas, pero me parece tan probable la una como la otra. Andá a saber.
Volviendo al Quini. ¿Qué van a hacer estos tipos con los 2 millones de dólares cada uno, de arriba y de un día para el otro?
Te aseguro que la tienen re clara. Porque el que juega a la lotería, en el momento en que tiene el billete en sus manos, tiene el derecho absoluto a planificar que va a hacer con esa plata. No está delirando si googlea el precio de un yate o de una casa en la playa. Es más, desde el momento en que juega, hasta la hora del sorteo, puede pensar lo que quiera y su cerebro no le va a “rechinar” por incoherente. No está fantaseando, está esperando que le salga un negocio en el que invirtió poco para ganar muchísimo… con un poco de suerte, obvio.

