jueves, abril 23, 2026
InicioGeneralesMinería y glaciares

Minería y glaciares

 

Límites, riesgos y vacíos de la ley vigente

En el marco del debate por la reforma de la Ley Nacional de Glaciares, el ingeniero y glaciólogo Gabriel Cabrera analiza el desarrollo minero y los posibles impactos sobre el recurso hídrico y los vacíos técnicos de la normativa vigente.

 Por Francisco Guerrero

La reforma de la norma comenzará a ser tratada en las próximas semanas. Previo a ello, nuestro entrevistado, el ingeniero Gabriel Cabrera, fue invitado a asesorar a la Comisión del Senado de la Nación respecto al estado actual de la Ley de Glaciares. Veamos qué nos dice.

Gabriel Cabrera(70)es ingeniero industrial(UNCuyo), trabajó 44 años como glaciólogo en el IANIGLA, monitoreando glaciares y ambiente periglacial en los Andes, Patagonia y Antártida.

-¿En términos generales, estás de acuerdo con el desarrollo de la minería metalífera en Mendoza?

-Por supuesto. Es una industria, que, si bien tiene sus particularidades, tiene una base tecnológica firme; y todos sus procesos poseen protocolos de control, como cualquier industria. Además, la utilización de metales es una componente ineludible del estándar de vida actual, donde en cada vivienda con automóvil se utilizan decenas de kilos de cobre, bronce, acero, titanio y aluminio; por citar sólo a los básicos.

 

-¿Cuáles son los pros y contras de la actividad minera en la provincia?

-Nuestra provincia es 96% desierto y montaña, lo que restringe la expansión agropecuaria; y la minería es una consecuente complementación productiva, que precisamente se centra en la montaña; principalmente rica en cobre. Sin embargo, los procesos mineros implican una utilización importante de agua, si bien no más que la que utiliza la actividad agropecuaria primaria e industrial; que además se distribuye con baja eficiencia y derroche. No hay actualmente una cultura ni infraestructura de administración del agua, ni siquiera en los hogares, lo que necesariamente deberá imponerse para dar espacio a la minería y a la sustentabilidad frente al cambio climático. Esta última condición es necesaria con o sin minería.

 

-¿Cuáles son los riesgos de contaminación real que existen?

-La contaminación minera depende del proceso de extracción y de concentración del mineral. El primero implica, a cielo abierto, una importante remoción de terreno y molienda, con posible liberación de elementos contaminantes, tales como metaloides como el arsénico, algunos metales de desecho, como el cadmio y el mercurio, o de aprovechamiento residual como el zinc. Todos ellos deben poseer un sistema de manejo y destino de efluentes. Los métodos de concentración, que pueden ser físicos o químicos, implican riesgo en el segundo caso. Sin embargo, no son desechos, sino materiales de reciclado de alto costo, que imponen un proceso riguroso de circulación y contención. Existen para ello procedimientos industriales y ambientales específicos, que requieren un fuerte control. Ese control no es ajeno ni accesorio al propio proceso industrial, sino que es de interés central en la minería. Lo mismo en el balance del uso hídrico.

 

Glaciar Piedras Blancas, ubicado en el Parque Nacional Los Glaciares, provincia de Santa Cruz, cerca de El Chaltén, muestra signos típicos de retroceso y adelgazamiento glaciar, en línea con la tendencia general provocada por el calentamiento climático.

 

-Una posible contaminación ¿podría impactar en el río Mendoza? Esto es porque se dice que el agua que tomamos los mendocinos está en juego.

-No sólo el Río Mendoza. Una expansión de la minería incluiría también las cuencas de Malargüe, Atuel, Diamante y Tunuyán. Ello impone un estudio preciso del balance de agua de cada proyecto, con los necesarios pronósticos climáticos al mediano plazo del proyecto, en modelos y escenarios de cambio climático. Tales estudios deben ser no sólo cuantitativos en el uso, sino también cualitativos en la localización y en los necesarios procesos de remediación y adaptación aguas abajo. No es un problema nuevo, las propias ciudades generan también tales requerimientos.

– ¿Considerás que están garantizados los controles técnicos de la actividad minera en la provincia?

-Los controles deben estar absolutamente garantizados. No debe haber ningún lugar para especular que pueda haber conductas de excepción o desvío de los controles. De todos modos, ese no es un problema científico, sino ético y político; las argumentaciones tecnológicas y científicas no deben estar condicionadas a ello, sino al revés.

– ¿Qué riesgos supone la exploración prospectiva en las áreas peri glaciares?

-Para responder esta pregunta debemos primero aclarar algunos términos.

En grandes latitudes y grandes altitudes se destacan dos tipos de ambientes geo criológicos: el glacial y el peri glacial, según cuál sea la menor temperatura de la superficie del suelo, que permanece dos años consecutivos.

El ambiente glacial es el de las zonas más altas y frías de la montaña, donde la temperatura se mantiene bajo cero durante todo el año. En estos lugares, la nieve que cae no llega a derretirse por completo y, con el tiempo, se transforma en hielo. Así se forman los glaciares: grandes masas de hielo que se mueven lentamente ladera abajo por su propio peso.

Los glaciares acumulan nieve en su parte alta y pierden hielo en la parte baja, donde el derretimiento genera agua que alimenta ríos y arroyos. Por eso cumplen una función clave como reguladores del agua, especialmente en años de pocas nevadas. En este ambiente también existen glaciares más pequeños y manchas de nieve que duran varios años que, aunque aportan menos agua, también son importantes.

Por su parte, el ambiente periglacial, se ubica a menor altura que el glacial. Allí, la superficie del suelo puede descongelarse en verano, pero el subsuelo permanece congelado de manera permanente. A ese suelo congelado se lo llama permafrost.

A diferencia del ambiente glacial, en el periglacial no siempre hay hielo visible ni grandes masas de hielo. No todo el suelo congelado aporta agua: solo algunas formaciones específicas, como los glaciares de escombros, cumplen una función hídrica relevante. Por eso, este ambiente no es continuo y debe estudiarse caso por caso.

Respondiendo la pregunta, el riesgo de afectación del recurso hídrico por parte de la exploración prospectiva y la explotación minera en el ambiente periglacial, ocurriría si se afectan en ella los glaciares de escombros. Pero ellos están claramente identificados en el inventario. Sin embargo, su función hídrica no es tan clara como en los glaciares, cubiertos o descubiertos, del ambiente glacial. Ello se debe a tres factores:

1-su termodinámica y ciclo hídrico es más complejo, pudiendo sumar o no a la función de la capa activa una eventual degradación del permafrost subyacente en desmedro de su propio hielo.

2-prácticamente la única forma en que el glaciar de escombros degrade permafrost en forma continua, es que fluya lentamente por gravedad; lo cual ocurre en los denominados glaciares de escombros activos.

3-el reconocimiento remoto, por imágenes satelitales, de los glaciares de escombros no siempre es sencillo, ni tampoco su categorización como activos o inactivos.

Es por ello que la realización del Inventario Nacional de Glaciares no solo implica su mapeo remoto, sino visitas para su verificación in situ, estudios de campo y verificaciones puntuales en algunos de ellos.

Estos estudios adicionales se han realizado en muy pocos casos, y son los que dan fundamento a una corrección de la ley actual. Tal es así, que estudios de campo hechos desde las provincias han permitido al IANIGLA incluir alguna geoforma más, que inicialmente no hubiera sido inventariada. Y, recíprocamente, hay estudios en curso  basados en verificaciones puntuales, realizados por científicos y profesionales calificados, que detectaron geoformas mal caracterizadas y que por ello deberían salir del inventario.

Las provincias tienen potestad constitucional para ello, y nada impide que desde sus ámbitos científicos y académicos colaboren mutuamente con el IANIGLA para converger en estas cuestiones. Este razonamiento halla también sustento en la actualización quinquenal del inventario.

Resumiendo, la respuesta a la pregunta: no es posible determinar a priori los riesgos de la explotación minera, sin corregir previamente los defectos de la ley actual; y tras un estudio de impacto ambiental con protocolos serios.

 

 

 

 

 

 

 

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Must Read

spot_img