“La música ya no solo se escucha, se ve, y hay que hacer que se vea”
Imágenes sónicas: el pulso visual del rock nacional
En el mes de los diseñadores en Argentina, el Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza (MAMM) abrió sus puertas a Imágenes sónicas. Diseño para la música de Tite Barbuzza, una exposición que rescata la obra de una de las protagonistas invisibles de la cultura visual argentina. Estará disponible hasta el 14 de diciembre.
Su nombre puede no sonar tanto como el de las bandas que marcó con su trazo, pero sus diseños son parte del ADN del rock nacional. Ella es Tite Barbuzza, mendocina, diseñadora gráfica y editorial, directora de arte y creadora de algunas de las imágenes más emblemáticas de los años 80 y 90.

El MAMM describe la muestra como un homenaje al diseño argentino y latinoamericano desde una mirada revisionista que busca dar visibilidad al trabajo de mujeres diseñadoras. En este caso, la exposición se centra en las piezas gráficas que Tite creó para el universo musical: tapas de discos, afiches, logotipos y material promocional que acompañaron la llamada “época dorada del rock argentino”.
Allí está, por ejemplo, el logo de Doble Vida, de Soda Stereo, convertido en un símbolo generacional, pero también los trabajos para GIT, Enanitos Verdes, David Lebón o Fricción, entre otros. Cada una de esas obras no solo envolvió una música, sino que ayudó a construir la estética de una época.
En palabras de la curaduría, Imágenes sónicas busca reconocer a una gran profesional mendocina “que fue parte activa de los movimientos estéticos de los años 80 y 90, y que sigue creando desde su Mendoza natal”. La muestra propone un viaje visual y emocional por la historia de una diseñadora que convirtió el diseño en melodía y que aún hoy sigue ampliando los límites entre imagen y sonido.
Tite Barbuzza: la mujer detrás del logo de Soda Stereo
Tite Barbuzza nació en Mendoza y estudió Diseño Gráfico en la Universidad Nacional de Cuyo. Desde temprano entendió que el diseño era mucho más que un oficio: “una forma de pensar, un punto de vista paralelo”, como ella misma lo define. En los años 80, Buenos Aires era una caldera creativa y Tite se lanzó de lleno a esa energía. “La ciudad era fuego y no me daba miedo nada”, recuerda.
De esa época datan sus primeros trabajos discográficos: Habitaciones Extrañas de Los Enanitos Verdes, Primera Sangre de GIT, Para Terminar de Fricción y, claro, Doble Vida de Soda Stereo, su segunda tapa y quizás su obra más reconocida. El logo de Soda —concebido a mano, en innumerables bocetos y fotocopias— surgió de un pedido muy claro de la banda: “Queremos volver a la calle. Que sea un logo fácil de copiar”, le dijeron. Y así nació una marca indeleble en la historia del rock.
Después de la explosión porteña, Tite vivió en Los Ángeles y luego en Barcelona, donde fue testigo y protagonista del auge de la cultura electrónica. Allí trabajó para el festival Sónar, colaboró con la editorial Actar y editó Barcelona Club Flyers, un libro que hoy es pieza de colección por su retrato del movimiento de clubs de los 90 y el surgimiento de la música electrónica. “Fue un antes y un después —cuenta—, los primeros pasos del diseño digital, cuando todo se hacía con las primeras computadoras personales y los programas eran pura experimentación”. Su espíritu inquieto la llevó también a fundar y editar el fanzine SNACK, una revista “suicida” —como se las llamaba entonces—, hoy parte del acervo del Museo del Disseny de Barcelona.
De regreso en Mendoza, su creatividad viró hacia otros campos. Diseñó la imagen para un vino orgánico, el MTB —finalista en la Bienal Iberoamericana de Diseño—; trabajó en proyectos culturales y artísticos, y colaboró con instituciones como Fundación del Interior y ED Contemporáneo, en el 50 Aniversario de la feria de las Ámericas realizada en Mendoza. También diseñó campañas para el Centro Cultural de España y retomó la creación de portadas de discos, como la de Alivio, del músico El Gonzo, nominada a los Premios Gardel, o la del disco de Mavi Díaz, Gaucha.
A lo largo de su carrera, Tite ha sido una buscadora. No sigue modas: las analiza, las transforma, las trasciende. “Mi marca es pensar. Todo diseño necesita un concepto, un guiño al espectador, algo que despierte curiosidad”, dice. Su trabajo combina intuición, música y pensamiento. En su estudio conviven bocetos, portadas y memorias de una época donde las bandas y los diseñadores compartían la misma edad, los mismos sueños y una misma urgencia por cambiarlo todo. Aquello sí que fue una revolución cultural.
Hoy, desde Mendoza, Tite sigue creando. Escribe ficción, diseña libros y continúa investigando los cruces entre arte, sonido y palabra. Su historia, como su obra, está tejida de curiosidad y de movimiento. Imágenes sónicas no solo celebra su legado: también devuelve al diseño argentino una voz femenina que ayudó a dar rostro —y alma— a la música de toda una generación.

