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Arte efímero en La Crucesita

En pleno pedemonte, con la hermosa vista del valle de Mendoza a los pies y bajo una fina lluvia se concretó ese hecho cultural que incluyó conferencia, instalación  y delicatesen gastronómicas, todo para homenajear al espíritu.

Por Adriana Sayavedra

Organizado por los hermanos Pepe y Julio Ozán se realizó este evento a modo de paso inicial para poner en marcha el centro cultural que los Ozán están armando en sus terrenos del bello paraje pedemontano La Crucesita. “ Queremos hacer de este desierto un oasis, tanto en el aspecto natural como cultural”, explicó Julio, filósofo y ensayista él.

En un primer momento habló Adolfo Columbres, el reconocido antropólogo tucumano que ha publicado numerosos libros y trabajos que intentan rescatar las culturas de los pueblos indígenas americanos, disertó sobre Mito y Arte efímero.

Posteriormente, al son de violines y guitarras, se procedió a la quema de la escultura realizada por Norma Pacheco y Pepe Ozán, un gigante de cartón que representaba “el poder que en el nombre de ciertos símbolos que se toman como verdades incuestionables, pretende con la espada matar nuestro espíritu”.

No todo tiene su precio

Fue Julio Ozán, quien vive en La Crucesita desde hace varios años, quien nos explicara la idea del evento, enmarcada en el intento de rescatar al hombre de la crisis contemporánea de valores: “El espíritu de una época se desprende de las creencias vigentes en ella. La creencia actual consiste en asumir que todo se puede arreglar con la economía, que todo se compra y se vende. Esta creencia ha generado una manera de ver y de vivir: es la visión materialista del mundo y mercantilista de la sociedad.

Esta fe que ha puesto el hombre contemporáneo en el dinero no es otra cosa que la mítica adoración del becerro de oro, que aparece de tanto en tanto en la historia.

La sociedad de consumo es una consecuencia de esta fe. Por ello produce incesantemente íconos de todo tamaño, forma, gusto y precio del mismo becerro, que cada vez tiene más adoradores.

Esta misma fe ha provocado una inversión de valores, de modo que ya no es la economía al servicio de las artes y la cultura en general, sino que éstas sirven a la economía.

La violencia y la inseguridad reinantes, por ejemplo, son expresiones de la barbarie que se deriva del decaimiento de la cultura y desintegración de los valores.

La solución que proponemos se desprende de lo dicho: una reinversión  de valores para devolver a la cultura su preeminencia y restablecer su función específica que es hacer a los hombres más inteligentes, más buenos y felices”, finalizó el menor de los hermanos Ozán.

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