En recuerdo de un grande de nuestra música, a propósito de su aniversario, el 18 de mayo, en la pluma del recientemente nombrado vicepresidente de la Academia Mendocina de Tango[1], nuestro vecino y colaborador Nicolás Sosa Bacarelli.
Pichuco
“Aníbal Troilo… pero me decían Pichuco…” respondió su voz áspera,
frente a dos ángeles que lo palmearon risueños
y le acariciaron la bondad que le brotaba de la frente.
En un abrazo firme y macho
te acurrucó esa luna rante que acariciaste en un patio de Soler y Gallo.
Te acurrucó tu barrio, Gordo, tu vieja, tus amigos.
En tu gesto dormilón y reo
se durmió Buenos Aires a sus anchas,
y por tus manos ocurrieron todas las noches del mundo
con un vaivén de carros somnolientos
en el pedestal orillero de un pescante.
Qué clase de dios se encerró en el llanto picado de tu fueye,
con ladridos de perros atorrantes,
con silbidos de guapos y gemidos de meretrices.
En tu rostro se estampó la noche con sus esquirlas de agua
y encallaron los puchos desvelados
en el mar de whisky que olea hacia tu continente;
hacia tu región, sin maldad, sin mezquindades.
Con el humo denso de esa misma noche
llegó tu llanto de aire, tu confesión de botonera,
el cuchillo de una negra o de una blanca
que se hunde en un pecho hasta destripar el alma.
Espíritu noctámbulo de fábula o de mito.
En tu mano justa, en tu mirada blanda, me he recostado, Pichuco.
En tu nombre gordo y bueno me he quedado para siempre, Aníbal Troilo!
Por Nicolás Sosa Baccarelli
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[1] – La Academia Mendocina del Tango es una organización de nuestra provincia correspondiente a la Academia Nacional del Tango con sede en Buenos Aires, presidida esta última por el gran poeta e investigador del género Horacio Ferrer -lo recordamos como letrista de Ástor Piazzolla, con quien escribió Balada para un loco, María de Buenos Aires, Chiquilín de Bachín, entre muchos tangos más-.
Es un centro de investigaciones interdisciplinarias que estudia la historia del Tango, su literatura, sus orquestas, sus personajes, su geografía entre otros temas. Agrupa a prestigiosos investigadores, escritores, artistas y coleccionistas que cultivan este género fecundo e infinito: el Tango.
Ilustración: Pablo Pavezka


