Otra forma de entender el progreso
Nuestra comunidad pretende que la vida cotidiana siga transcurriendo tal cual la soñamos, con los tiempos y modos de un pueblo y no con la locura frenética de una ciudad histérica. Con la revalorización de los afectos, de las actividades placenteras, el rescate de los valores y de la vida apacible.
Un lugar donde el tiempo transcurre al ritmo de la vida pueblerina, lejos del stress de las grandes urbes. La recuperación del espacio público para la charla amena, para la caminata saludable, para la bici en igualdad de condiciones con el automóvil, la posibilidad de festejar a diario el verde, el aire puro y el cielo azul. En resumidas cuentas, la posibilidad de disfrutar una vida apacible en un entorno confortable. No es una pretensión jactanciosa, ni elitista. Tampoco un anhelo imposible; se trata simplemente de respetar el elemental derecho a una vida digna en todos sus aspectos.
Nuestro antes magnífico entorno va siendo indefectiblemente degradado en forma acelerada, afectando nuestra calidad de vida y alejándonos de aquella que soñamos, elegimos y merecemos.
La sistemática destrucción o falta de protección de añosas arboledas es producto de un criterio erróneo, o más bien anacrónico para definir al desarrollo. Nos preguntamos, por ejemplo, ¿con qué criterio se demolió el viejo establo de adobe ubicado en la esquina de Almirante Brown y Viamonte? Se trataba de una construcción típica de la arquitectura rural mendocina, una de las últimas construcciones de adobe que quedaban en pie. En lugar de destruirlo, para que “no se viera algo tan viejo y feo”, se podría haber restaurado, reciclado. Armar una espacie de museo que rescatara y mostrara nuestras tradiciones, poniendo en valor a los elementos que hicieron a nuestra cultura agrícola. Un tesoro que se perdió para siempre, siguiendo un criterio equivocado, caduco.
No queremos más cemento, no queremos más cordón, cuneta y banquina desterrando para siempre nuestras bellas acequias de tierra y verde, no queremos convertir nuestros tradicionales caminos rurales en estresantes e impersonales avenidas.
Es urgente y necesario un cambio de criterio para planificar. El desarrollo no significa más cemento, más paredones “para protegerse” que en realidad aíslan, marginan; más vehículos, más smog, a cambio de menos árboles y menos aire puro. El desarrollo bien entendido implica una sociedad con sentido de pertenencia, equitativa e integrada –lo que no significa homogénea, porque la diversidad de criterios hace al crecimiento-, fundada en su memoria, en el respeto al otro, a su entorno, que privilegie un medioambiente sano, al hombre en estado de felicidad.
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