Ejercer el poder no siempre tuvo que ver con lo político o lo económico. Y menos aún cuando de mujeres se trata. En mi tarea de profesora de historia del arte he encontrado mujeres fascinantes, ignoradas, pero fuertes y que en su época fueron ejemplo de un poder más perdurable que el de los hombres. Tal el caso de Christine de Pisan, poetisa y escritora medieval que marcó un antes y un después en el mundo literario de su tiempo y que hoy sigue siendo objeto de estudio. Artemisia Gentileschi, hija de Oratio Gentileschi, pintor florentino de gran fama en el siglo XVII. Pintora extraordinaria, una de las más fieles y constantes seguidoras de la escuela del Caravaggio, creador del naturalismo barroco. Artemisia fue violada por un amigo de su padre y éste apeló a la justicia para “salvar su nombre y su honor”, el de él, por supuesto. La “justicia” la encarceló y la torturó a ELLA para que retirara la acusación. Luego fue casada con un pintor mediocre con el que tuvo una hija. Se separó de él, puso su propio taller y llovieron los encargos. Tuvo otra pareja y otra hija y el resto de su vida vivió de su obra y dotó a sus hijas para que tuvieran bodas convenientes. Solicitada desde Londres y Roma, dejó una obra impecable, majestuosa y duradera, en tiempos plenos del poder de la Inquisición, los absolutismos y el desprecio generalizado a la mujer trabajadora. Otro ejemplo, quizá no tan conocido, fue Laura Batiferri, esposa del escultor Bartolomeo Ammanati. Poetisa y escritora de fino estilo, sus obras se encargaban en toda Europa por las casas reales. Seguidora de los principios del Concilio de Trento y la Contrarreforma, estimuló y guió a niñas y jóvenes y desde el círculo intelectual de su esposo, enriqueció su propia formación a tal punto que su consejo y su opinión eran pedidos de continuo.
Sí, sería torpe negar el oscurantismo con que se trató en general a la mujer y aún hoy en todo el mundo, de uno u otro modo. Pero también es cierto que “las mujeres felices no tienen historia”. La galería de ellas es inmensa, rica y abundante en datos documentales. Eleonora de Aragón, mujer de Médici que la idolatraba y a quien dio diez hijos, mecenas ella misma de artistas e intelectuales. Rosalba Carriera, pintora del siglo XVIII, delicada, fina y con un estilo inconfundible. Vittoria Colonna, guía espiritual y amiga entrañable de Miguel Ángel. Hubo maridos poderosos y enamorados que acrecentaron su valía, respeto y el reconocimiento de sus contemporáneos por ser compañeros de mujeres extraordinarias. No hace falta más que ver la interminable galería de retratos pintados por los maestros del arte, para conocer la importancia que tenía la mujer elegida y si bien muchas veces, el centro del poder femenino quedaba encerrado entre los muros del hogar, no por eso fue menos digno y menos influyente ese poder.
Mercedes López Suárez
Prof. Titular de Historia del Arte Antiguo,
Historia del Arte Renacentista y Barroco,
Historia del Arte y la Cerámica , entre otras.
UNCuyo, U. Aconcagua y UMaza.

