Carta a un amigo
Como orgulloso guardián del ser humano, el monte Aconcagua fue testigo del nacimiento de la más grande y buena de las doctrinas. Un hombre se paró solo frente a cientos y les habló con la humildad de los maestros y la grandeza de los Dioses, teniendo por testigos al Sol y la montaña habló, sin rodeos, sin prejuicios, sin ocultismo ni imposiciones, dio su mensaje de amor y de esperanza a un mundo desgarrado por el odio y la violencia y a un ser humano perdido en el temor y el sufrimiento.
Y el viento de los Andes recogió su palabra y la esparció por el mundo y esa semilla echo raíces en el interior de la gente sencilla y buena de todas las latitudes del planeta.
Entonces fue que el corazón del hombre despertó y en un desgarrador clamor de milenios, conmovió la fuerza que esperaba dormida en su interior el llamado de la más profunda y verdadera rebelión.
Hoy vive en nosotros tu enseñanza que ya no se detendrá jamás, mientras tú emprendes el camino hacia el radiante cetro, que con el amor de un padre protector, acercaste hasta nosotros traduciéndolo para el oído torpe y el ojo que no ve.
Ya nunca más compartiremos la risa ni habrá esperanzas de que crucemos la mirada, pero cada vez que el sentido se abra paso en mi interior y despeje las tinieblas o sobrevuele el abismo en un salto hacia la luz, cada vez que en la mirada de nuestros amigos encuentre la chispa que encendiste en tu paso por este espacio, cada vez que me pregunte “…por el amor, por la poesía y por todo aquello que hace a la grandeza de la existencia humana…”, estarás conmigo y se que me guiaras para encontrarnos pronto en el innombrable espacio de la inmortalidad.
Hasta pronto amigo, que llegue hoy hasta ti mi más profundo agradecimiento que nunca pude darte, por pudor, por innecesario.
Alejandro Márquez
PARTIDA DE SILO
Pensamientos
Volvíamos de Río Cuarto. Inmersa en la noche, durante el largo viaje de regreso, solos comenzaron a hilvanarse los recuerdos del transcurrir de mi vida ligada al Maestro. Suaves y gráciles fueron apareciendo, como de la noche transfigurada aparecieron en mi mente.
Ese adolescente que encontró.
Desde la adolescencia hasta hoy fueron pasando suaves y ágiles los recuerdos.
Ese encuentro con él y sus variados conocimientos en los que me fue sumergiendo con los encuentros.
Pantallazos de imagenes y nombres y poco a poco me fue envolviendo en sus conocimientos, poco a poco con pasos ascendentes nos fue enseñando el camino del no sufrimiento.
Y aquel amigo adolescente se transformó en Maestro y con sabia paciencia nos develó el misterio del no sufrimiento, lo diferenció del dolor, usó mil formas para orientarnos y nos explicó con paciencia el camino a seguir hacia eso.
Y ahora, aquel amigo de la adolescencia, que fue mi Maestro en el transcurrir de mi vida, se ha conformado en Mito.
En mito se ha conformado.
Con suaves y ágiles pasos fueron llegando los recuerdos de momentos compartidos en charlas y cafés, ya transformados lugares, pero cuya imagen queda impresa por su sola presencia.
En Maestro
El amigo adolescente en Maestro transformado, ya en un Mito se ha conformado.
Aquel amigo que de cosas desconocidas me hablaba, me llevaba con pasión y vigor por ignotas regiones del conocimiento para mi totalmente ignoradas.
Nos habló de la no violencia.
Hoy aquí con sus restos en mis manos, me lleva por regiones de los transcurrires.
El Gato Lemos
Bitácora: A propósito del fallecimiento de Silo.
-En el ajedrez al terminar el juego tanto el peón como el rey van a la misma caja-
Cometí un imperdonable error: nunca llevé un registro de todas las conversaciones que tuve con Silo. Comprensible pero injustificable. Fueron tantas y durante tanto tiempo, que necesito construir una bitácora, un registro de mas de 28 años de compartir momentos. Y aprender. En diferentes contextos, casi siempre centrados en la cotidianeidad, el objeto banal de las relaciones superficiales generalmente, cuando había tiempo y ganas, devenía en las profundidades de la filosofía, sociología y el insondable ser humano en su devenir. Era un juego de ida y vuelta. Un tácito acuerdo de relación de seres dispares, compartiendo temas, no siempre en total concordancia.
Sobre su obra literaria no voy a opinar en esta oportunidad y, siguiendo al semiólogo Roland Barthes -quien dice que el autor real se disipa-, centremos la atención no en aquello que ha pretendido decir, sino en lo que el lector percibe y entiende, en lo que interpreta y comprende. Por eso, al morir el autor nace el lector. No hay mejor intérprete de la obra de un autor, que la obra misma. Lean a Silo.
El mundo es un lugar un poco mejor luego del pasaje por la vida del Negro. Hablar de Él, es hablar de Ana Luisa, inteligentísima y mordaz, fue mi Némesis en las discusiones que estuvo presente, que con el correr del tiempo y de los vaivenes de los acontecimientos, logramos la concordancia. No fue tarea fácil: obra de la infinita paciencia de Silo. Y luego ella, fue a veces, mí aliada en algunos temas.
Fue sin duda, un apasionado defensor de la integridad humana. De una estatura singular en el conocimiento de las cosas fundamentales del alma humana. En la emergencia del vacio postmoderno, su obra brilló por plantear una búsqueda de sentido, un fin, un destino a la existencia, por encima de las mezquindades y pequeñeces del atontador consumismo sistémico. Quedaron en el tintero tantos temas pendientes: por ejemplo, una discusión sobre Kant y la racionalidad, o sobre el antihumanismo teórico de Louis Althusser. En otro momento las terminaremos.
Chacras de Coria va ha extrañar su reconfortante presencia, humilde y amable, sus amigos y conocidos del pueblo buscaremos anécdotas para afirmar su lucha por la paz entre los hombres. Y siempre que se hable del tema, el Negro va a estar presente.
Guri
20/9/2010
Nota: Casi siempre solo o en familia, durante 25 años consumió Helado de Frutilla a la Crema, helado de un solo gusto. Pero en los últimos años cambió a Granizado. Siempre helado de un solo gusto. Cosas vederes, Sancho
A propósito de Silo
Murió un vecino
Una aclaración que creo pertinente, no era amigo del Sr Mario Rodriguez Cobos, también conocido como Silo, tengo amigos, Eduardo Mortarotti y Guri Salgado que si lo eran. No era discípulo de él, tengo amigos, como Enrique Guerrero, que si lo fueron. Alguna vez, hace muchos años, tuve algún contacto con su movimiento, como recuerdo anecdótico, no grave, fui preso con muchos otros, cuando esperábamos escuchar una charla de él.
Otra aclaración, obvia, es buena forma de vivir la de vivir en Chacras y la de tener vecinos como Pablo del video, como la gente de la panadería Los Andes o de las verdulerías de la calle Mitre, o de la despensa de calle Italia, o de la cafetería de Graciela o lo del Guri, con su heladería, a los chicos de la bicicletería de la calle Mitre o la gomería de Larrea o cruzarme yendo en bicicleta con el Raúl Peralta, electricista a bordo, también de su bicicleta, y muchos más, la Marita Lavoisier, la Vivian Mayne, la Cecilia Contreras o Fernando de Rosas, Osvaldo Francés y por supuesto el kiosko de Correveidile y muchos más.
Mi relación era la de vecino, alguna vez su esposa Ana le dio clases de danza a Nuri, mi hija, alguna vez compartimos café, por el puro azar de encontrarnos los dos ahí, y reconocernos como vecinos.
Era agradable tomar café con él, tenía el justo humor para sonreír sobre casi todo, sobre sí mismo, sobre sus ideas, como admitiendo que seguramente otras venían en camino, como obstinadamente oponerse a cualquier actitud de maestra de escuela y ni qué decir de director.
Se despegaba fácil de cualquier pretensión de gloria, poder, conocimiento.
Alguna vez compartimos la presentación de un libro de un psiquiatra amigo en común, Juan Valverde. Estábamos en un pasillo, la gente entraba, me saludaba a mi y no a él.
Le dije, todavía te tienen miedo.
Se rió, ya lo dije, se reía fácil, quizás ese sea el gesto que quiero resaltar.
Y cuento una anécdota. Una vez le pregunté a Ana: decíme, él cree en todo eso, me refería a sus ideas sobre el humanismo…
Admito que lo mío era miserable, pero tantos hablan tanto, yo mismo, que es difícil creerle a nadie.
Si, me de dijo, me asombra a mi también, él cree.
Digo entonces que siento pena por perder un vecino como Mario Rodriguez Cobos, sin duda, mundialmente famoso como Silo. Fue para mi un vecino agradable que a pura sonrisa le agregaba algo bueno a ese día donde la casualidad nos hacía encontrar.

