Primer Encuentro Regional de Agricultura Familiar
25 mil familias están ligadas a la agricultura familiar en Cuyo. Abrigan un nuevo modelo de producción-consumo basado en la comida sana.
Por Eva Guevara
La agricultura familiar engloba a un espectro de trabajadores mucho más amplio que el de los pequeños productores. Habitantes que transformaron el paisaje en estas tierras áridas y extensas, artífices de una tradición agrícola que hizo el dibujo del perfil productivo mendocino. Cosechadores de legumbres, almendros, olivos, higos, pasas, granadas, orejones, manzanas, aceitunas, además de productores de aceite y vino. Todos productos buenos y abundantes, bendecidos en otras provincias del país. El sector –en términos puramente económicos- representa el 65% de las explotaciones agropecuarias en Cuyo, pero hay que decir que es el sector más postergado, invisibilizado muchas veces por efecto de las políticas públicas implementadas, que lejos de proponerse llegar a los pobladores con programas de desarrollo, se limitaron a ofrecer algún tipo de contención de la pobreza rural.
El pasado 31 de marzo unas 2.200 personas participaron del primer Encuentro Regional de Agricultura Familiar en el auditorio Angel Bustelo. El encuentro se propuso impulsar la fuerza organizada de estos trabajadores. Desde hace dos años en el Foro de la Agricultura Familiar participan diversas asociaciones de productores, cooperativas, agrupaciones nacidas al calor de la Asamblea de Autoconvocados por el Agua, uniones vecinales, etc. La apuesta es por una “agenda campesina”, sumar adeptos para una política a favor del arraigo a la tierra, convencer a muchos funcionarios para que no sigan viendo bolsones de pobreza donde hay explotaciones que ocupan mano de obra familiar, tienen valores, una cultura de arraigo a la tierra, y están dispuestos a satisfacer necesidades que pasan por una dieta mejor, más saludable.
Guillermo Ander-Egg, delegado de la Subsecretría de Agricultura Familiar del Ministerio de Agricultura de la Nación, afirmó que se está otorgando financiamiento desde la Nación bajo la premisa de la sustentabilidad que se genera al producir sano y para el consumo de las familias. Entre los desafíos a futuro consignó el jerarquizar los productos de la agricultura familiar: “La principal fortaleza del agricultor es su capacidad de producir alimentos con calidad, poder garantizar la soberanía alimentaria con el plus que da el que haya una familia, un trabajo detrás de un producto ambientalmente más sano que otro industrial”.
En el Congreso hubo coincidencias en la importancia de la contención que da una organización. Los más integrados o asociados están en mejores condiciones de ofrecer de manera directa sus productos, bien lejos de la lógica supermercadista. Son los que han podido realizar experiencias de ferias francas y ya están pensando en el agregado de valor, como las conservas, los tejidos, los trabajos en cuero o aromáticos. Señaló Ander-Egg que la idea es que el productor pueda transformar su producto y que en el precio final ese valor quede más en manos del productor, no como sucede en las cadenas ya armadas en cualquier actividad donde al que menos le queda es al productor.
Alternativas agro
Así como Brasil tiene una ley de compre estatal para los productos de la agricultura familiar, en Mendoza se propuso que la Dirección General de Escuelas comprase fruta o productos de agricultores de la zona para repartir como merienda a los alumnos. Esta iniciativa no ha sido puesta en práctica por las actuales autoridades pese a que traccionaría la capacidad instalada de los agricultores.
Respecto a esta Mendoza “profunda” donde habitan generaciones de pueblos originarios, de inmigrantes o de “criollos” que no tienen títulos o derecho sobre la tierra, la DOADU (Dirección de Ordenamiento Ambiental y Desarrollo Urbano) viene regularizando títulos en virtud del arraigo. Sin título, los productores hortícolas carecen de acceso a la malla antigranizo, por ejemplo. Ander- Egg comentó a Correveidile que propondrán que un sector de la agricultura familiar pueda recibir ayuda del Estado, a fin de que el productor que se vea afectado por granizo no tenga que abandonar su cultivo. También el funcionario observó que hay que cambiar la lógica de la lucha antigranizo. En su opinión, sería mejor trasladar los recursos -150 millones- a una política de protección del cultivo de los productores con una inversión directa en las explotaciones, en lugar de continuar con el negocio que viene desde hace muchos años.


