Ayer me enteré que ahora, para renovar o sacar el carnet de conductor, hay que dominar las infernales tecnologías de prepo. Los jubilados no ganamos para sustos. No solo se nos maltrata teniendo que hacer colas para todo, no se nos paga el 82 % móvil; si, por desgracia nos toca ir al hospital a hacernos atender, nos dan turno el día antes de morir, se nos excluye de los planes sociales (si no lo cree, vea un plano de familia tipo, matrimonio y dos hijos, dónde está el lugar para los abuelos ¿en el placard quizá?). No se nos toma en cuenta, estamos fuera del sistema y encima nos roban todo lo que pueden. Me propuse buscar estadísticas y no existe ninguna que demuestre que los ancianos somos los responsables de la causa de accidentes de tránsito con una tasa tan importante que obliga a provocar un verdadero holocausto con los mayores de 65 años.
Claro, así va a ser más fácil sacarnos del medio, para dejar solo a la gente joven que, en muchas ocasiones provoca accidentes a raíz del excesivo alcohol ingerido. ¿Porqué entonces torturarnos a nosotros con un examen que es un matadero, porque ni Pico Della Mirándola, con su prodigiosa memoria, lo aprobaría? Es lo mismo que pretender que un niño de cinco años resuelva un problema algebraico.
Tengo impecable mi libreta de enrolamiento, antes había obtenido mi cédula provincial y federal, después pidieron el pasaporte y DNI nuevos y ahora quieren ancianos expertos en cibernética e informática. Hubiera sido más fácil tomar una prueba de cultura general que abarcase desde los 18 a los 35 años de edad y así podríamos obtener la misma cifra de bochados, el 98%, sin provocar un mal mayor, que debe ser el bienestar y protección del adulto mayor.
Solamente pueden ocurrírsele estas medidas locas e impopulares a alguien con un cerebro más chico que el ganglio cerebroide de una hormiga.
En lugar de tanto enredo, ¿por qué no se arbitra un límite de edad para poder conducir?
Si lo hay para obtenerlo, debería existir un tope para “dejar de joder con la pelota” como dice Serrat y terminado el asunto. Pero no, en el capitalismo hay poderosos intereses creados, pero de eso nadie habla.
Perdone el tiempo que le he hecho perder a usted que está tranquilo, sus valiosos minutos de ocio. ¡Que razone otro!! En otras palabras, animémonos y vayan…!
José E. Marianetti

