Vía Veneto: 51 años de bohemia y romanticismo
Por José Félix Suárez.
Especial para Correveidile.
En un ambiente agradable, cómodo y familiar, entre una sensación de bohemia y romanticismo, la permanente cordialidad de sus dueños -Nicola y Jorge- y la excelente atención de sus tres mozos -Jorge Garzón, Roberto Pizarro y Eduardo Córdova-, entre amigos entrañables y gentiles colaboradores, que siempre dan una mano detrás de la barra o la cocina – Pressiani, Sozzi, Barta, Forquera, Orellano y el pastelero Leandro Rosatto- la tradicional confitería Vía Veneto, de calle Amigorena 78, en el centro de la Ciudad de Mendoza, cumplió poco más de medio siglo de vida desde aquel histórico 14 de enero de 1961, fecha de su fundación.
El negocio fue inaugurado por Fernanda Torresi de Corradini -la mamá de María Teresa Corradini de Barbera – en la rotonda del primer piso de la Galería Tonsa que había empezado a funcionar en noviembre de 1960 y donde, además de varios locales comerciales, estaban el cine City que exhibía películas en cinerama y el supermercado Persia del subsuelo al que se accedía por una de las primeras escaleras mecánicas de esos tiempos. Toda una novedad.
“La nonna Fernanda”, como se la conocía, quien falleció en 1982, fue la pionera y la gran precursora de la cocina italiana y las pastas caseras en Mendoza: La Marchigiana (1949 reabierto en 2004 luego del incendio de 2002), Vía Veneto (1961), Vecchia Roma (1969), La Strada Del Sole (1971) sobre calle Espejo, La Cantina Della Nonna Fernanda (1986) en la calle General Paz, Las Pastas (1992) y Francesco (2000). Por esa época también se instalaron: Don Nicola -al lado de La Marchigiana-, Nicoleta sobre Av. España, La Armonía y El Torquio en la calle San Luis. Cuando doña Fernanda vendió Vía Veneto, durante un tiempo se hicieron cargo Franco Barbera y Ennio Marozzi hasta que desde el 1ro. de marzo de 1966 fue adquirido por dos grandes amigos: Leonardo Francisco Conte y Antonio Gargiulo. Luego, a partir del 13 de octubre de 1987 la confitería se instaló en su actual domicilio de la calle Amigorena donde antes había funcionado la peletería Cáneva.
Don Leonardo
Nicola Paolo y su hermano Leonardo Jorge heredaron desde muy jóvenes la pasión por la gastronomía, el noble ejemplo y la honestidad comercial de su padre Leonardo Francisco Conte. A la muerte de Don Leonardo, a los 75 años, en 1999, se convirtieron en la segunda generación al frente del establecimiento mientras sus hijos Paolo -árbitro de fútbol y una de las grandes promesas del referato de la Liga Mendocina –, Carolina y Antonella se familiarizan con el funcionamiento del local y aparecen como la tercera generación de Vía Veneto.
Se recuerda a Don Leonardo por su alegría y simpatía, sencillez y buen corazón. Un hombre muy agradable que solía recorrer las mesas conversando amablemente con los clientes. A veces improvisaba alguna “canzonette” italiana que entonaba feliz con fuerza de barítono. Tenía además la costumbre de convidar una masita fina a sus mejores clientes. Como cientos de inmigrantes italianos, llegó en 1948 a la Argentina con sus sueños y proyectos, muy orgulloso porque había sido condecorado después de la Segunda Guerra Mundial por su comportamiento y valentía como soldado voluntario. Para poder traer desde la isla napolitana de Ischia al resto de la familia, don Leonardo llegó a tener tres trabajos y hasta aprendió el oficio de hornero o pizzero. Más tarde se convirtió en un conocido vendedor de cortes de género para la confección de trajes y de ese modo recorrió el país hasta que se radicó en Mendoza donde hizo una gran amistad con Antonio Gargiulo y nació su eterno idilio con Vía Veneto.Don Leonardo se retiró del negocio en 1981 y don Antonio, padrino de Jorge, en 1997.
Personajes
Con un dejo de nostalgia Jorge evoca sus comienzos en la empresa cuando preparaba el café, servía los helados en la barra y se desempeñaba como mozo. “Era una época de oro” según comenta por el gran movimiento de gente que existía, la influencia del cine y porque la plata también rendía. Recuerda aquellas antiguas confiterías de la década del 60 como Jimm’s en la calle Sarmiento, Cappolonio y Peter John sobre Rivadavia y El Galeón, Mankie y El Gong en la calle Las Heras. Nombra luego solo a algunos de los muchos personajes que pasaron por Vía Veneto: Luisito Aguilé, quien le regaló un pañuelo de seda; Soledad Silveyra, Dario Vittori, Xavier Cugat y su esposa Abee Lane, Raimundo Mumo Orsi, Ante Garmaz, Robert Powell cuando vino a Mendoza, Nito Mores, Saravia de Los Chalchaleros, Eddy Pequenino, el baterista Erick Jerst, Guillermo Nimo, Palomino, Orlando González, Pedro Castellino, Yoyo Giúdice, Cimino, y tantas glorias del fútbol; Las Guitarras Latinas, Hugo Promanzio y tantos más que sería imposible enumerar. Nicola suma al llamado grupo de los “fierreros” que todos los sábados a la tarde cumplen con el rito de reunirse en Vía Veneto: Titi Scordo, Carlitos Manzano, Luis Blás, Roby Pravata, Julio Becerra, Pocho Tutera, Lito Berríos, Daniel Guerra y Reinaldo Azcona conocido como “el mago de la combustión”.
APARTE
Lo que dicen los clientes
Carmelo Ganci (65 años, ing. agrónomo): “es el café de los grandes amigos, de los que están y de los que ya no están más con nosotros”:
Luis Alberto Philippens (58 años, gerente de Laboratorios Craveri): “aparte del encuentro de entrañables amigos Vía Veneto es una fuente de alimentación”.
Carlos Secundino Benítez (67 años, recordado futbolista, publicista): “venir todos los días más que una costumbre es como un sentimiento, una necesidad del alma”.
Jorge Omar Oliva (62 años, comerciante): “soy cliente desde la época de la Galería Tonsa y sigo a los hermanos Conte al lugar que vayan”.
Jorge Enrique Cattáneo (57 años, ex – futbolista, contador público): “vengo porque me gusta hablar de fútbol con Jorge, mi amigo de la infancia. Además para estar más cerca alquilé una oficina al lado de la confitería”.
Jorge Eduardo Pipo Barbieri (48 años, relator, el hombre gol de radio Nihuil): “es un lugar que me genera un inmenso placer por el respeto y el nivel con que se atiende. Me siento como en mi casa y la presencia de viejas glorias futboleras me enriquece el alma”.
Marcelo Alejandro Pressiani (40 años, cibernético): “vengo desde Palmira para ayudar en lo que pueda, desde hace ocho años. Me encanta porque es un café como los de antes: hay discusiones y se polemiza con respeto y con altura, como debe ser”.
Armando Lazzi (83 años, recordado dirigente de Independiente Rivadavia): “desde el cielo don Leonardo se debe sentir muy orgulloso del trabajo y el progreso de sus hijos”.
Fernando Daniel Lara (51 años, comerciante): “es un lugar donde me encuentro con amigos para hablar de política, de fútbol y de temas en general. Acá me siento como en mi propia casa”.
Pablo Agustín Rodríguez (73 años, periodista deportivo): “me siento muy bien y por eso vengo todos los días, tomo mi cafecito, leo el diario. Los mozos me conocen y son muy atentos”.
José Pepe Despósito (57 años, visitador médico): “me trae el recuerdo de mi época de estudiante cuando nos hacíamos la sincola y nos reuníamos en el local de la galería a tomar un vermucito”.
Carlos Norberto Vilchez (53 años, comerciante): “lo que más me atrae es el ambiente del fútbol que se respira y la presencia de eternas glorias”.
Mario Emilio Sozzi (64 años, comerciante): “disfruto cada hora que paso en Vía Veneto y trato de ser útil a mis amigos Nicola y Jorge a los que conozco desde la época de la galería”.
Jorge Alberto Coco Segura (67 años, marquero de cuadros): “vengo con mi “hermano” Pocho Sosa y siempre me acuerdo de las tradicionales picadas de 16 platitos que nos comíamos con el Pichingo Alvaro -tío del Caña- que fue un gran conocedor de la noche mendocina”.

