La casa de chapas de Toba Farmache Delhez
Chacras ya tiene la casa del cuento de Oz, la casa que queda imantada a la fantasía de El Mago de Oz.
Toba ha dejado en esa construcción al hombre de hojalata que busca tener un corazón, al Espantapájaros sin cerebro, al león cobarde que busca tener valor.
Hay un camino amarillo que envuelto en colores del arcoíris señala la línea mágica para llegar a su puerta. Entrar es participar del baile de la geometría de puertas y ventanas y de las caricias del sol al tocar cada uno de los objetos en un ballet cerrado de armonías.
Toba con su creación de chapas nos lleva al color de las transparencias de un templo cromático de luz. Los pájaros se apoyan en descanso en las ramas relajadas sobre la luz de los vidrios.
La casa de chapas es un laberinto de asombros. Es un templo de luz.
La tarde transforma las luces del cielo y los árboles se vuelven estrellas que vuelan y se acomodan en cada curva del arco iris.
Oz es mágico. Chacras es Oz.
Hay juegos de formas: escaleras que suben y suben entre cristales imitadores del álamo en su esbeltez.
Al mirar en dirección al cielo desde afuera nos enternecen los troncos añosos en reverencia permanente como si quisieran abrazar a los triángulos juguetones de las ventanas.
Los gatos y los perros de la casa descansan en diferentes áreas internas con una laxitud que hace del descanso un momento de oración.
Es imposible definir las lateralidades de la construcción porque Toba ha jugado con la ingeniería que le permite la chapa y todo es pared o todo es ventana triangular como rayo láser lanzado al espacio donde la luz no tiene punta o vértice.
En una esquina una silla indica la convencionalidad de un mueble. Entonces al caminar hacia el interior sentimos en el aire que no pisamos suelo firme, pero sí la maravilla amarilla de la magia de OZ.
Quiero ver más de la construcción, pero es imposible. Siento la magia de Oz instalada en todas partes, magia que Toba ha instalado en el interior porque Oz es magia y Chacras es OZ.
Onelia Cobos




