Historias que inspiran. Vecinos trotamundos
A los 70 años, un sueño cumplido: de Mendoza a Taltal en bicicleta
Pedro Félix Lemus López de Maturana emprendió una travesía de más de 1.400 kilómetros para regresar a su ciudad chilena natal en dos ruedas. Una historia de promesas cumplidas, afectos que acompañan y la fuerza que no decae con el paso del tiempo.


Inaugurando su séptima década de vida, cuando muchos piensan en bajar el ritmo, nuestro vecino Pedro Lemus decidió hacer exactamente lo contrario: subirse a una bicicleta y unir Mendoza con Taltal, su ciudad natal en la norteña 2° región chilena, a lo largo de 1.430 kilómetros. No fue una travesía improvisada ni una aventura turística. Fue, sobre todo, el cumplimiento de una promesa largamente postergada, nacida del amor por su tierra y de un vínculo que el tiempo y la distancia nunca desdibujaron.
“Perrito”, como lo llaman sus amigos y familiares chilenos, nació en Taltal, una ciudad ubicada en el norte de Chile, a 170 km de Antofagasta. Pero a los 19 años decidió venirse a Argentina con su hermana y un amigo. En aquellos tiempos, luego de un paso por Buenos Aires y Mendoza, se instalaron en Chacras, en la por entonces Pensión San Felipe, hoy el reconocido Restorán Árabe. Y aquí formó su vida: se recibió de profesor de Educación Física, armó familia y echó raíces. Sin embargo, el lazo con su pueblo de origen permaneció intacto. Cada segundo sábado de febrero, junto a sus compañeros del secundario, renovaban una promesa: volver a reunirse todos en Taltal. Algunos lo lograron, otros quedaron en el camino, pero el compromiso nunca se apagó.


Devoto de Santa Teresa de los Andes, Pedro atravesó hace algunos años un momento crítico de salud, cuando contrajo covid más una neumonía severa, y con el antecedente de siete cirugías y prótesis en ambas caderas. Fue entonces que se forjó una firme promesa: si lograba salir adelante, viajaría en bicicleta hasta el santuario. Y la cumplió. Ese fue su primer cruce de la cordillera, en solitario. Una vez cumplido, se convirtió en punto de partida para un desafío mayor: regresar a su norteña tierra natal pedaleando.
Este 10 de enero pasado comenzó la travesía. Adelante tenía la cordillera de los Andes, los valles centrales de Chile y el desierto más árido del mundo, Atacama. El calor extremo, la soledad de la ruta y las largas distancias convirtieron la travesía en una prueba física y emocional reservada para algunos pocos. Pedro avanzó entre 60 y 100 kilómetros diarios, descansando donde podía: a veces en ciudades, otras armando su carpa al costado del camino.


Promesa cumplida. La parada obligada en el Santuario de Santa Teresa de los Andes.
Más de mil kilómetros no pudieron impedirlo. Finalmente logró llegar a su querido Taltal.
Sus Amigos lo acompañaron en la partida hasta la frontera…y allá siguió Pedro su camino sólo con su alma y su propósito.
Desde la partida y hasta el límite con Chile fue acompañado por dos amigos. Luego, el viaje continuó en soledad, aunque nunca realmente solo, tecnología mediante. Los mensajes diarios, las llamadas y el seguimiento constante de quienes sabían de su hazaña fueron un sostén clave. “La fuerza que dan la familia y los amigos no tiene comparación”, repite, emocionado.
En Chile, el recorrido estuvo marcado por encuentros inesperados y gestos simples que le dejaron huella y fuerza para seguir: como cuando alguien en el camino le convidó una sandía en medio del calor, un saludo al pasar, la parada obligada en el Santuario de Santa Teresa de los Andes. Cada kilómetro sumó cansancio, pero también sentido.
Pedro llegó a Taltal el 30 de enero. Allí lo esperaban su familia, amigos y hasta el mismo alcalde y concejales. “Su llegada no es solo la de un amigo, sino la de un símbolo de resistencia, dignidad y de amor por la tierra que lo vio crecer”, definió su amigo de la infancia Juan Chechada.
Más que una hazaña deportiva, la travesía de Pedro Lemus es una historia de perseverancia, identidad y afectos. Un recordatorio de que los sueños no tienen fecha de vencimiento y de que, a veces, volver al origen es la antorcha para seguir adelante.




