Festejo recuperado
Siga siga el baile
Más de cien personas disfrutaron el martes de Carnaval en el Barrio Cordón del Plata. A ritmo de murga y batucada las caderas explotaron de alegría. Entre los vecinos que se sumaron a la fiesta había familias de otras localidades de Mendoza, tal como ocurrió en la pasada peña musical celebrada a fines de primavera.
Por Eva Guevara
Ya desde la tarde hubo chaya y diversión en los alrededores de esa inmensa y hermosa plaza que nuclea a la comunidad. Y hay que decir que también la plaza hace de epicentro de planes muy concretos que impulsa un grupo de vecinos para darle aire a la vida cultural y al trabajo social.
No fue un feriado más. Se vio a los más chicos saliendo a la calle con sus disfraces y a poco de andar, la fascinación mayor pasó por la idea de mojarse, cosa que ocurrió y fue ganando adeptos entre los que simplemente paseaban con sus bicicletas. Llamó la atención un grupo de estudiantes secundarios que copó una esquina del barrio para dar con el punto exacto de mezcla entre el agua de la acequia y la tierra de la calle. Terminaron paseando por la plaza con sus cuerpos totalmente salpicados color chocolate y festejando el haber logrado con éxito “la gran Cindor”.
Los primeros en llegar a la plaza fueron obviamente los que tuvieron la buena idea de celebrar el carnaval de ese modo. Con espectáculos artísticos y baile hasta la madrugada, en digna recreación del espíritu de las comparsas de antaño. Allí estaban los vecinos de la Unión Vecinal del Barrio Cordón del Plata, a la sazón los Cordoneros –padres o abuelos de los Cordoneritos-, y el equipo de artistas comunitarios que integra el “Chacras para Todos”, por supuesto, debajo de grotescos anteojos, sombreros, brillantes pelucas o el arte hecho maquillaje del que es capaz el área de plástica escénica, a cargo de Silvia Bove.
Por su parte, uno de los profesores de folclore del barrio, Orlando Ortega, insistió en el condimento especial de este carnaval: el entusiasmo, que en este caso primero se generó entre padres y abuelos que se propusieron incentivar, desde la plaza, enseñando a bailar tango o folclore. Los niños, ya se sabe, de por sí están bastante entusiasmados y enseguida se engancharon en la idea de María Lacau de sacar a desfilar un personaje aprovechando el atuendo.
A los tambores
Orlando Ortega contó a Correveidile que si algo tiene este feriado en particular es su connotación de haber estado tanto tiempo prohibido y que hoy llama la atención de los niños que no lo han conocido como, por ejemplo, la niña que completamente mojada y luego de mojar a otros le preguntaba a su madre qué era eso de chayar; otro un tanto mayor preguntaba por qué serían tan malos los militares que habían prohibido el carnaval.
También fue de la partida la Murga La Hechicera. Las mujeres que integran este conjunto coral-teatral y musical fueron un lujo ese martes de carnaval. Ellas desglosaron los distintos hitos de su vida escénica a lo que añadieron una propuesta especial sobre el carnaval. Para el público de las Hechiceras fue una alegría compartida que dejó un sentido profundo acerca de lo carnavalesco, incluso en el terreno del inconsciente.
Las fiestas del pueblo
Tal vez sea bueno recordar la diferencia esencial que existe entre las fiestas del pueblo y el circo romano. El embrutecimiento nada tiene que ver con la alegría y, en cambio, la alegría mucho tiene que ver con la decisión de trascender nuestra pequeña historia personal.
Las fiestas del pueblo guardan mucho del rito y, por eso, conectan a las sociedades con su capacidad de soñar. Las fiestas del pueblo recuperan el sentido y la fuerza del colectivo.
Todos sabemos que habrá fiesta un determinado día, y en aquel lugar. Lo sabemos con anticipación, y nos preparamos para asistir y encantarnos y estar alegres. La fiesta no se explica de otro modo que por las ansias sumadas de muchos que creen en ella.
Las fiestas del pueblo nos dejan sedimento de héroes. Por lo que dure el canto, nos sentimos capaces de olvidar las excusas: hoy no puedo, hoy no sé, porque tengo una agenda que cumplir, un reloj que correr, un dedo autoritario que acatar.
Claro que las fiestas se terminan… Pero para entonces es posible que ya tengamos otra altura en la conciencia, en la memoria y en el coraje. Y que ya nunca olvidemos la invencible potencia que tiene la alegría cuando es mestiza, y sabe lo que quiere.
Liliana Bodoc

