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El refugio del fin del mundo también mira hacia Mendoza

 

Un refugio para el mundo, en el medio de la montaña mendocina

La histórica referencia de El Eternauta a una zona segura entre San Carlos y San Rafael se vuelve realidad en la precordillera mendocina. Un emprendimiento privado propone convertir ese sector en un refugio ante eventuales crisis globales, combinando turismo, inversión inmobiliaria y una visión que presenta al oeste argentino como uno de los lugares más seguros del planeta.

Al suroeste de Pareditas, en San Carlos, entre cerros y arroyos se encuentra una reserva natural destinada al turismo de naturaleza, pero que también se ofrece como un lugar seguro para sobrevivir a una guerra de escala global.

Por Francisco Guerrero

 

«El oeste del país tiene su zona de seguridad en la faja comprendida entre San Carlos y San Rafael, en Mendoza». Tal afirmación es parte del mensaje que se transmite por la radio en la historieta El Eternauta, de Héctor Oesterheld y Francisco Solano López. La tira creada hace más de 60 años gira en torno a un ataque extraterrestre y que tiene como protagonista a Juan Salvo. Los sobrevivientes que logran huir de una nevada mortal deben organizarse para mantenerse con vida. El Eternauta trascendió los límites nacionales, fue llevada a la televisión el año pasado y en 2027 se espera el estreno de la segunda serie.

Si bien este es un relato de ciencia ficción, este sitio de seguridad es una realidad palpable, por lo menos así se anuncia en el proyecto Wamani, ubicado a unos 70 km al suroeste de Pareditas, San Carlos, a mitad de camino de San Rafael. En la precordillera, entre los arroyos Hondo y La Faja, existe un santuario de 32.000 hectáreas, pensado como un refugio estratégico ante posibles crisis globales.

Sigue la línea de la antigua traza de la ruta 40. Allí, a casi 3.000 metros sobre el nivel del mar, bajo la protección del cerro Wamani, que supera los 5.000 metros, se encuentra este sitio que hoy es utilizado como centro de turismo aventura, astroturismo y de encuentro cultural.

La base de operaciones es la antigua estancia Arroyo Hondo, que hasta hace unos años perteneciera a la familia Salcedo, de Luján de Cuyo. Tras varios intentos de convertir este sector en un polo turístico de aventura y naturaleza, finalmente esta idea quedó de lado hacia fines de los 90. Y desde hace un tiempo el lugar se ha convertido en un imán con alcance global. Desde que el empresario tecnológico Martín Varsavsky, argentino residente en España, junto a otros socios tecnológicos internacionales adquirió estos terrenos, se han venido haciendo anuncios estridentes, tales como el «refugio del fin del mundo», dedicado a quienes quieran venir a vivir a esta parte segura del planeta. Previamente deberán tramitar la obtención de una “visa especial”, con derecho a adquirir propiedades en este sitio.

Cuenta con una pista de aterrizaje para aviones de menos de 10 pasajeros. La llamada «visa de la tranquilidad», propone otorgar una residencia a extranjeros que quieran instalarse allí, a cambio de U$S 500.000. Está inspirada en la «Visa de Oro», que anunciaron en EE.UU. destinada a ciudadanos de ese país en distintos puntos «seguros» de Sudamérica.

La época de esplendor de la vieja ruta 40 fue entre 1935 y 1960. Por esta icónica vía renovada, se accede a la ruta 101 para llegar al punto en cuestión. Ubicada sobre la primera meseta patagónica en la provincia, la estancia Arroyo Hondo conserva su fisonomía original, aunque se le han sumado servicios tecnológicos para los visitantes.

Los cordones precordilleranos, senderos y caminos adornados por coirones dominan el paisaje. Está a casi 30 km al noroeste del embalse Agua del Toro.

 

De acuerdo al sitio, wamani.net, los visitantes pueden realizar diversas actividades vinculadas al turismo de naturaleza y aventura, como caminatas, cabalgatas y salidas en bicicleta, además de astroturismo. Aislada por las montañas, los arroyos y la disponibilidad de agua pura de montaña, este lugar se ha transformado en punto de referencia a una escala que trasciende las fronteras de los países. Varsavsky se encarga de anunciar por las redes que adquirieron estos terrenos porque es uno de los sitios más seguros del mundo para sobrevivir a una guerra. Parece irreal para muchos de nosotros, pero desde la Guerra Fría, varios ciudadanos, estadounidenses la mayoría, se vienen preparando para un conflicto nuclear. Construyen bunkers en distintos sitios y los acondicionan para sobrevivir por varios meses encerrados allí. No es descabellado pensar en un gran conflicto a la luz de los acontecimientos actuales. Y a eso se suman las potenciales catástrofes naturales.

Pero más allá de este panorama apocalíptico en que está basado el proyecto, que de alguna manera recuerda a la canción La Pantalla del Mundo Nuevo, de Riff, el centro-sur mendocino genera una particular atracción. Transitar por la vieja ruta 40 desde Pareditas hasta El Sosneado es una experiencia mágica, la Laguna del Diamante, el hotel abandonado, el camino al avión de los uruguayos son algunos de los puntos icónicos de este viaje por el interior de Mendoza. Estamos ante uno de los paisajes más bellos de la provincia. Y también uno de los más desconocidos. Desde allí, hacia el sur, se extiende la Patagonia.

«Por el momento estamos disfrutando del lugar», señala Alfredo Olguín, empresario que adquirió 1.500 hectáreas en esta zona. El vecino del proyecto Wamani tiene su propiedad junto al Arroyo Hondo y la ha divido en parcelas de una hectárea cada una, con la idea de desarrollar un loteo de estancia. Olguín, que vive en Luján, cuenta que se trata de uno de los sitios que se mantiene sin alteraciones y tanto él, como los responsables del proyecto Wamani, mantienen la idea de preservar el estado natural. «Me recuerda al Potrerillos de los 60, el viaje te llevaba todo un día, era muy lejano y hoy está a minutos de la ciudad, en unos años, seguramente este lugar crecerá, pero de manera más ordenada», afirma Olguín.

Para muchos sancarlinos, amantes de la montaña, el proyecto Wamani, les hace «ruido». «Pueden ocurrir dos cosas: que se preserve el lugar, o que ocurra un desastre para la visión de los sancarlinos. El camino desde Pareditas hasta El Sosneado es un corredor turístico alucinante para la provincia, allí se divide la Mendoza cuyana de la patagónica», asegura un conocedor del lugar.

 

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