Amenaza ambiental: no estamos en una crisis, sino en un cambio de época

Dr. Alberto Montbrun.
alberto.montbrun@gmail.com
El deterioro del ambiente ha dejado de ser un problema sectorial que pueda resolverse mediante algunas regulaciones, tecnologías limpias o conductas individuales. El cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación y el agotamiento de los recursos forman parte de una crisis sistémica, alimentada por un modelo económico que confunde crecimiento con bienestar y desconoce los límites físicos del planeta.
En el informe más reciente publicado del Club de Roma, “La Tierra para Todos. Una guía de supervivencia para la humanidad” (Fondo de Cultura Económica, CABA, 2024) se advierte que la humanidad se encuentra ante una disyuntiva histórica: continuar reaccionando tarde y de manera fragmentaria o producir, en una sola generación, una transformación profunda de los sistemas económicos, energéticos, alimentarios y sociales.
Durante mucho tiempo, las amenazas ambientales fueron presentadas como acontecimientos separados: el calentamiento global, la deforestación, la contaminación de los océanos, la degradación de los suelos, la escasez de agua o la desaparición de especies. Sin embargo, esa mirada desarticulada impide comprender la verdadera gravedad del problema. No estamos ante una suma de crisis independientes, sino ante procesos que se retroalimentan y pueden conducir al sistema planetario hacia puntos de inflexión difíciles —y en algunos casos imposibles— de revertir.
El libro, elaborado por científicos, economistas y especialistas vinculados al Club de Roma, retoma y actualiza la advertencia formulada en 1972 por Los límites del crecimiento. Aquel informe señaló que el aumento continuo de la población, la producción industrial y el consumo de recursos no podía sostenerse indefinidamente en un planeta finito. Medio siglo después, la humanidad no sólo continúa avanzando en esa dirección, sino que ha sobrepasado varios límites planetarios y se encuentra en una zona de creciente inestabilidad ecológica y social.
La gravedad de la situación no reside únicamente en el aumento de la temperatura. El calentamiento global modifica los regímenes de lluvias, intensifica sequías, incendios e inundaciones, reduce la productividad agrícola y altera la disponibilidad de agua. Estos efectos generan inseguridad alimentaria, desplazamientos de población, conflictos por los recursos y una presión creciente sobre Estados que ya enfrentan dificultades económicas y sociales. Cada perturbación se propaga a través del sistema y produce consecuencias muy alejadas del lugar donde se originó.
La pérdida de biodiversidad constituye otra amenaza crítica. Los ecosistemas no son escenarios pasivos de la actividad humana: regulan el clima, conservan los suelos, polinizan los cultivos, almacenan carbono y purifican el agua. Cuando una selva, un humedal o un sistema costero se degrada, no desaparecen solamente algunas especies; se debilita una red de relaciones de la que depende la vida humana. La naturaleza posee capacidad de regeneración, pero esa capacidad no es ilimitada. Cuando la presión supera ciertos umbrales, el deterioro puede acelerarse por sus propios mecanismos de retroalimentación.
Uno de los aportes centrales de La Tierra para todos consiste en mostrar que la crisis ambiental no puede separarse de la pobreza, la desigualdad y la concentración de la riqueza. Una minoría de altos ingresos genera una proporción desmesurada del consumo de energía, materiales y bienes ambientales, mientras los sectores más pobres sufren con mayor intensidad sus consecuencias. La desigualdad también reduce la confianza social, debilita la cooperación y dificulta la construcción de acuerdos duraderos. Una sociedad fragmentada posee menor capacidad para responder a amenazas que exigen coordinación, solidaridad y políticas sostenidas durante décadas.
El libro analiza dos grandes escenarios. El primero, denominado “Demasiado poco, demasiado tarde”, representa la continuidad de las políticas actuales: avances tecnológicos parciales, compromisos ambientales insuficientes y respuestas adoptadas después de que los daños se han manifestado. En ese escenario, el bienestar disminuye, las tensiones sociales aumentan y crece el riesgo de colapsos regionales. El segundo, llamado “El Gran Salto”, supone una transformación simultánea y coordinada de los principales sistemas que organizan la vida colectiva. Esa transformación requiere cinco grandes virajes: eliminar la pobreza, reducir la desigualdad, fortalecer la autonomía de las mujeres, convertir el sistema alimentario en un sistema saludable y regenerativo, y acelerar la transición hacia energías limpias. No se trata de cinco programas independientes. El modelo Earth4All, que integra variables económicas, sociales y ecológicas, muestra que esas transformaciones deben actuar conjuntamente porque se refuerzan entre sí.
La amenaza ambiental posee, por lo tanto, una dimensión profundamente política. No alcanza con sustituir combustibles fósiles por energías renovables si se mantiene una economía basada en el consumo ilimitado, la obsolescencia acelerada y la explotación indiscriminada de materiales. Tampoco es posible pedir sacrificios a las mayorías mientras los costos y beneficios de la transición se distribuyen de manera desigual. Sin justicia social, la transformación ecológica encontrará resistencias crecientes; sin transformación ecológica, no habrá desarrollo social que pueda sostenerse.
La humanidad se encuentra ante una decisión histórica: continuar administrando síntomas hasta que las crisis superen nuestra capacidad de respuesta o aprender a prosperar dentro de los límites del planeta. La Tierra podría seguir existiendo sin nosotros; somos nosotros quienes no podemos existir sin ella. Defender el ambiente significa preservar las condiciones sistémicas que hacen posible la civilización humana.


