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El espacio multimedia de Giaquinta

Las “canosas” de siempre

Tengo un amigo que andaba muy entusiasmado con su nueva relación que, dicho por él, le había “cambiado la vida”.

-¿Seguís con “la canosa”? – le dije.

  • Más o menos. Hay novedades. – me dijo – Estacionate y te cuento.

Nos tomamos un café en la estación de servicio. Once de la mañana. 10 minutitos.

Primera novedad: “La canosa”, con la que jamás iban a convivir, ahora quiere convivir.

 

Segunda novedad: la hija de la canosa que vive en Bariloche, hippie como la madre, que tiene un nene de cinco, uno de tres y ahora está embarazada, quiere “vivir el embarazo” en Mendoza.

Tercera novedad: que todos se quieren instalar en la casa de mi amigo y, para él, familia ajena y numerosa, nunca fue el plan.  Que lo deprimía la idea de andar pateando juguetes tirados y me dijo los nombres de los niñitos (que más bien me sonaron a complejo de cabañas) y que después la seguíamos, que cualquier novedad, te aviso.

En una serie francesa que estoy viendo, (Alphonse, se llama), pasa, más o menos, lo mismo. Margot, está casada con el Alfonso, pero, a la vez, es amante de la gerenta de un banco. La gerenta le pide que vivan juntas y Margot le dice que no, que por qué, que así está todo muy bien. La gerenta, antes de irse para siempre y enojada, le dice: “Es que cuando me enamoro, me vuelvo muy tradicional”.

Nada nuevo bajo el sol. Problemas de gente moderna que quiere insistir en un modelo tradicional.

Soy un prejuicioso. Es verdad. Veo a una mujer que ha decidido no teñirse más y creo que es una militante en contra de los mandatos patriarcales y de la sociedad de consumo. Hace mucho que una estética no va de la mano de una forma de vida. Todo es, sólo moda. Me acordé de la frase de Tancredi, el sobrino del Gatopardo: cambiar todo para que nada cambie.

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