Últimas calles de tierra
Altas velocidades, inducción del tránsito y pérdida del paisaje, por un lado, contra la molestia por el polvo, inviabilidad del transporte público y el mal estado del ripio existente por el otro, son los aspectos en pugna a raíz de la posible llegada del pavimento a las calles Liniers y Almirante Brown.
Gran revuelo está causando entre los vecinos, especialmente los frentistas, de estas calles la posibilidad de que el municipio las asfalte. Algunos a favor, otras en contra,
las opiniones están divididas ya que, si bien el tema de la tierra es un problema mayúsculo, sobre todo cuando conductores desaprensivos circulan por allí a altas velocidades, muchos vecinos no quieren el asfalto porque éste justamente aumentaría la velocidad de los vehículos “convirtiendo nuestra calle en pista de carrera”.
Un ejemplo de ello sucedió con la calle Larrea entre la estación de servicio y Álzaga donde, a pesar de los reductores de velocidad, las camionetas “pasan a toda velocidad, sin importarles los peatones o ciclistas”, se quejan algunos.
Entre los vecinos de Alte. Brown, otro aspecto que los preocupa es que de pavimentar su arteria, ésta se convertiría en un atajo desde el Acceso Sur o el Carril San Martín hacia Guardia Vieja y la Panamericana, lo que aumentaría considerablemente el tránsito por allí.
Para el vecino Mariano Cony el tema del asfalto es un gran debate que se debe resolver, pero sin dejar de tener en cuenta que Almirante Brown es, al igual que Pueyrredón, un cauce aluvional, por lo que “si se asfalta sin mejorar simultáneamente el drenaje natural, el problema de anegamiento de esta calle persistirá y el asfalto será sólo un parche”.
Moderador, Cony sostiene que existe una solución intermedia para derimir el debate de opiniones cruzadas sobre asfalto si, asfalto no y es que se realice un mejoramiento integral a esta estropeada calle que contemple, a saber: la profundización de las acequias naturales en ambos lados –no cementarlas- con sus correspondientes arboledas para asegurar un correcto drenaje en la zona, y un enripiado bien hecho, además de su constante e imprescindible mantenimiento. “Si esto fuera así, se solucionaría hasta el problema del transporte público, que en estas condiciones no quiere circular por acá. Si la calle estuviera bien enripiada los ómnibus sí entrarían”, y sugiere que “lo mejor sería que se juntaran buenos ingenieros de la Dirección de Vialidad, que hagan un estudio sobre qué es lo mejor y que lo lleven a cabo”.
Desde otro punto de vista, otro habitante de la zona, Julián Iñarra, opina que desdeñar el pavimento es como “querer tapar el sol con las manos” ya que “el progreso es inevitable”. Al igual que muchos de sus vecinos consideran que el asfalto es necesario para terminar con el problema que crea la gran cantidad de tierra que levantan los vehículos que circulan por allí, más teniendo en cuenta que pronto van a lotear los terrenos cercanos a la calle Guardia Vieja, lo que aumentará ostensiblemente el tránsito por esa arteria. En este sentido, sostuvo que deberían construirse reductores de velocidad altos, como el realizado en la puerta de la iglesia frente a la plaza de Chacras, que no dañan al vehículo. Sin embargo, buscando un punto de acuerdo con los opositores al pavimento, sostuvo que “si se le hiciera un buen mantenimiento, el ripio sería una buena alternativa. En Guaymallén existen numerosas calles de ripio, cuidadas y bien mantenidas, que no ocasionan ningún tipo de inconvenientes ni a los automovilistas ni a los frentistas”.
Mantenimiento
Un reclamo general de todos los vecinos consultados es el mal estado en que se encuentra la calle Almirante Brown, desde la permanente basura –no sólo el verde de jardines- en los costados, la gran cantidad de luminarias que no funcionan convirtiéndola en boca de lobo en algunos tramos y los baches que florecen aquí y allá.

