Carlos Secundino Benítez dejó una huella imborrable de buen juego y goles, compañerismo y amistad, admiración y respeto en nuestras canchas. Su paso por el Granate, el Atlético de Chacras de Coria, la Lepra y el Lobo.
Por José Félix Suárez.
Especial para Correveidile
Mucho historia escribió el Negro Benítez en las canchas mendocinas desde aquel lejano 1967 cuando llegó de su Santa Fe natal para lucir la divisa de Luján Sport Club. Fueron los colores Granates los que le dieron la bienvenida al joven lleno de sueños e ilusiones que había dejado atrás su terruño, Ciudadela, en busca de progreso y nuevos horizontes.
A su vez, fue la divisa de Chacras de Coria la que doce años después, en 1979, lo despidió con honores de aquel equipo de la Panamericana dirigido por el Polaco Alfredo Victorino Torres, integrado por el arquero Encinas, Guzzo, Romano, Salinas, Juan de Dios González, el Tato Mario Medina, el Caballo Rodríguez, Estrada, Corvalán, Giarrizo, el Gauchito Guzmán y el Manco Moyano.
En ese lapso, el Negro Benítez se convirtió en un mendocino más. Vino por una temporada, quizás por algunos meses, y se quedó para siempre en esta Mendoza que aprendió a querer y en la que se ganó el reconocimiento y el afecto del público y del ambiente del fútbol en general. Porque Benítez es el amigo de todos, leal, solidario y buen tipo.
Desde el comienzo “El Negro” ó “El Carlos”, demostró que era un jugador distinto: atlética figura, alta y espigada, buen pie, mejor dominio de la pelota, cabeza levantada, excelente juego aéreo, cabezazo y gol, potente remate de media distancia, habilidad e inteligencia. “El Señor Benítez” se llegó a escribir en más de una oportunidad en el diario Los Andes en la época de “Los Alegres Granates del Bajo”, cuando con su inseparable compañero el “Chowa” Roberto Juan Mantovani, ya se habían reunido con otro entrañable amigo: Edgardo Fumagalli, aquel vistoso y colorido arquero que le puso redes de alegría al arco del Bajo mientras su perro Jackie lo esperaba en la platea. Benítez se emociona cuando recuerda a aquellos referentes de ese Luján de fines de los ‘60: Ripamonti, Ruíz, Amaral, el “Cabezón” Bordeira, el “Bibi” Barreto, Gesaroli, Hugo Mario Oro, Hernández, Nonino, el “Chowa” Mantovani, el mismo “Puma” Fumagalli, el “Pepa” Falcioni, el “Gauchito” Guzmán, Pizzolatto, Carrasco, el “Indio” Escudero, el “Laucha” Pardo, Alberto Garro y el “Turco” Tercilla. Dirigidos por Pastor Acosta Barreiro, Abel Sklate y Carlos“Tito” Ortíz singular personaje que con su viola le ponía música a los entrenamientos y al camarín antes de los partidos.
La Gran Legión
Benítez está lleno de recuerdos, emociones, inolvidables triunfos y felices anécdotas: sus inicios como marcador de punta en el club Gimnasia y Esgrima de Ciudadela, el debut en la primera a los 17 años, el interés de Unión que no se concretó por falta de acuerdo económico, la cesión a préstamo a Colón, un breve paso por Argentino de Quilmes en Rafaela, una lesión que impidió su pase a Rosario Central y el viaje a Mendoza junto a Mantovani, al que protegía como si fuera su hermano menor, con destino a Luján de Cuyo. Eran los tiempos de la llamada Gran Legión de futbolistas santafesinos que jerarquizaron en calidad y cantidad el nivel del fútbol: el Pelado Juan Carlos Forti, el Cabezón Borgogno, el Lito García, Primón, el Chiche Alcídes Schanz, el Bibi Barreto, el Chowa Mantovani, Edgardo Fumagalli, Eduardo Andrés Mandón, el Turco Fáriz, el Colorado Larpin, el Gringo Bert, el Lobo” Pereyra, Eduardo Aníbal Tazare, Rojas, el Patón Rossi, Norberto Johnstón, Hugo Sello, Jorge y Anibal Deiber, el Loco Ciaccia, el Nene Gómez, Victor Schoenfeld, el Pocho Algosino, el Mono Olmos, Rojas, Fredes y el Loco Orlando Genolet, entre otros.
Más tarde, su paso por los dos grandes del parque: Independiente Rivadavia y Gimnasia y Esgrima, los títulos con la Lepra, los Nacionales con grandes planteles en distintos años, “verdaderos monstruos”, evoca Benítez, como el Víctor Legrotaglie, Aceituno, Guayama, y el riojano Luna con Hardan Curi en el banco en las filas del Lobo. Incluso la distinción de vestir en 1976 la casaca del Expreso. Finalmente Las Paredes de San Rafael y aquel gran campeonato con Chacras de Coria manejando los hilos del equipo desde la mitad de la cancha y llegando al gol.
El Artista
Hasta llegar a este Carlos Secundino Benítez de hoy, muy feliz en su relación de pareja con Carmencita, quien después de haber desarrollado diversas actividades luego del retiro – desde empleado administrativo de OSEP, distribuidor del diario Ambito Financiero en la década del 80, fundador de la Escuela de Fútbol Provincial cuando se desempeñó en la Secretaría de Deportes entre 1991-1995 bajo la administración del Gato Quiroga en el gobierno de Rodolfo Gabrielli, productor de seguros, comisionista de vinos, agente de la AFJP (Fecunda) y actual productor y distribuidor de Correveidile– ha encontrado en la faz artística la mejor respuesta a sus constantes deseos de superación. Lo comenta muy agradecido por el apoyo de sus dos amigos, Nicola y Jorge Conte, propietarios de la confitería Vía Veneto, que lo alentaron y estimularon en su rol de recitador, además del legendario Coco Segura.
Carlos ha compartido distintos espectáculos con muy buena crítica junto al cantor de tangos Varón Alvarez, con la participación de Daniel Lara y del animador y presentador Ricardo Sosa. Benítez confiesa que desde niño sintió en su interior esa vena poética que solía desarrollar en reuniones familiares o en encuentros entre amigos, lo que ahora muestra con un muy variado repertorio y un crecimiento profesional, que le permite desenvolverse con seguridad y soltura los viernes ó sábados que actúa sobre el escenario de la calle Amigorena de Ciudad. Inquietud comparable a su desempeño futbolístico de otrora cuando deleitaba los ojos y estremecía las redes, aunque ahora conmueva el corazón con sus versos. Como para asegurar que el apreciado Carlitos le ha puesto letra y música a ese sentimiento que tenía escondido tanto tiempo y que le ha brotado a flor de piel con el mensaje que trasmite desde el alma.

