Enero es un mes movilizador. Para muchos significa las vacaciones, salir a buscar otros paisajes, otros entornos. Otros prefieren -o no tienen opción- quedarse a disfrutar la casa y dedicarse a las tareas pendientes en el hogar, en pos de los ansiados orden y bienestar. Y para la mayoría es el tiempo del merecido reposo, de bajar los decibeles, de observar la vida con otra mirada.
Descansar y pasear para animar el espíritu es el propósito general. Si el presupuesto no da para partir, nuestra provincia nos brinda innumerables opciones para escaparse un rato. No hace falta ir muy lejos. Acá cerquita tenemos lindísimos arroyos de montaña que la Madre Naturaleza nos regaló a los privilegiados nacidos en estos pagos mendocinos. Subirse a la bicicleta, salir a caminar, subir algún cerro u organizar alguna excursión con amigos o familia, son buenas alternativas para disfrutar la vida a pata suelta que, además, aportan a nuestra salud.
También son tiempos propicios para disfrutar de ricas y amenas comidas en buena compañía bajo el cielo estrellado, de largas charlas al aire fresco de las noches, de prolongadas siestas al oscuro, o para pasar harto rato echados al sol –o a la sombra- pensando en nada. Porque eso, pensar en nada, como diría Gieco, también es necesario para recargar las pilas y empezar el año con nuevas energías. Nuevos bríos para dar comienzo a otro tramo más de nuestras vidas y dar forma a nuevos proyectos, proyectar nuevos sueños, cumplir viejos anhelos.
Pero, además de toda estas actividades fundamentales en nuestra vida, la pausa del verano es un momento propicio para el balance y la reflexión. Para la decisión firme de hacer valer el viejo dicho que categóricamente repetimos a fin de año: ¡Año Nuevo vida nueva!. Y es sobre este punto que debemos pararnos y proponernos cumplirlo no sólo desde los proyectos personales si no también con el firme propósito de mejorar nuestra vida comunitaria.
¿Alguna vez el lector se preguntó que hace por su comunidad, por mejorar el lugar donde vive, donde viven sus hijos y sus seres queridos? ¿Es sólo nuestro paso por esta vida preocuparnos de nuestro bienestar personal o se trata de crecer colaborando de alguna manera con el destino de quienes comparten nuestro viaje por esta tierra?
Nuestra comunidad es bastante compleja y en ella conviven bastantes intereses disímiles. Algunos más generosos y solidarios, otros bastante egoístas e individualistas.
Es cuestión de darse cuenta a cuál de ellos pertenece cada uno y actuar en consecuencia.
A veces con actitudes tan sencillas como bajar la velocidad del vehículo y circular más tranquilo; hacer un uso responsable del agua, entendiendo de que el agua que derrochamos es la que le falta a otra familia; ocuparse en prodigar un trato cordial con el vecino, dejar las actitudes soberbias de lado y respetar las elementales reglas de convivencia, podemos hacer que nuestro lugar sea un poco más amable y más placentero de vivir.
En fin, tomar conciencia que no estamos solos en una isla y a nuestra entera libertad. Debemos tomar conciencia del otro, del que vive junto a nosotros y comparte el mismo suelo y el mismo cielo. Intentemos otra vez. Aprovechemos este momento para barajar y dar de nuevo, sacando lo mejor de nosotros para este 2013.

