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Salud bucal, autogestión e inclusión social

Otro paradigma médico


15 mujeres de zonas carenciadas lograron organizarse cooperativamente  para acceder a sus prótesis dentales, recuperando así la autoestima y la confianza en sí mismas. Ahora mantienen la metodología  para acceder a nuevos emprendimientos. De personas en estado de pobreza a sujetos de transformación social.

Por Adriana Sayavedra

Día de la Madre. Regalos y festejo en el barrio con la doctora Cenci.

El proyecto Volver a sonreir fue una experiencia piloto, sin antecedentes en Mendoza, ni en Argentina. Y fue iniciativa de una vecina nuestra, la odontóloga Estela Cenci, coordinadora en Cuyo de la Asociación por la Salud Bucal y vicepresidenta de la Asociación Vida Infantil. Se llevó a cabo en el Barrio 26 de Enero, en la sede de dicha asociación en el distrito El Resguardo, Las Heras, entre agosto de 2010 y abril de 2011. La idea era capacitar a un grupo de mujeres de escasos recursos para que se organizaran y crearan por sí mismas un sistema de aporte solidario a un fondo común que les permitiera adquirir a cada una su prótesis dental. El método fue inspirado en  la filosofía y metodología de Muhammad Yunus, creador de Grameen Bank y Premio Nobel de la Paz. De esta manera, a través de una cuota establecida de común acuerdo y que cada integrante respetaba religiosamente, se compraba una prótesis por mes, hasta que la última integrante recibiera la suya. La prioridad también era establecida de común acuerdo. Todo este proceso de ser garantes solidarias unas de otras fue creando responsabilidad y cooperación grupal, a punto tal que, estimuladas con sus propios logros, siguen organizando fondos comunes para comprar la garrafa solidaria, la máquina de coser o la herramienta que cada una necesite para su propio emprendimiento.

Problemática social y trabajo en red

“Nuestro propósito es que la salud bucal comience a ser un tema relevante para sumar en la agenda del Estado, transversalizándola a cada área, no solo salud”, explica Estela, quien durante mucho tiempo tuvo su consultorio odontológico en calle Viamonte, en la casa que compartía con la peluquería de Víctor Hugo y el restorán La Tasca, más tarde derrumbada y hoy un triste baldío vallado en pleno casco histórico.

Estela, junto a Maria Cristina Dimaria, coordinadora de la sede de Vida infantil y Natalia  Vicencio, estudiante de Trabajo social, presentaron el proyecto a la Fundación Danone y así se armó este exitoso programa en el que convergen los tres actores sociales: el Estado, a través del Centro de Salud Nº 20 y sus profesionales; las Organizaciones de la Sociedad Civil –Vida infantil- y el sector privado –Danone y el Circulo Odontológico de Mendoza-, en el marco de la responsabilidad social empresaria.

Gestión social, economía solidaria y salud bucal

“Partimos de considerar a las caries como una enfermedad social prevenible y convencidos de que las  causas principales del desdentamiento de nuestra población no sólo tiene que ver con  los microorganismos depositados en  los dientes, sino que existen, además, componentes sociales que deben considerarse: las condiciones socioeconómicas, culturales, ambientales y geográficas en las que vive un individuo o comunidad” a lo que debe sumarse, según sigue explicando Cenci, “el sistema de salud, que actúa desmembrado muchas veces de las necesidades de la población”.

Según esta odontóloga devenida en incansable trabajadora social, “cuando falta un elemento dentario, psicológicamente las personas se aíslan, no tienen comunicación con sus pares por vergüenza, sufren disminución de la autoestima y así se inhiben sus oportunidades laborales, educativas y sociorecreativas, sin dejar de lado las dificultades alimentarias. Es el rostro de la pobreza».

Fue así que surgió este proyecto, entre cuyos objetivos figura el de aportar al proceso de inclusión social y al reforzamiento del tejido social de mujeres carenciadas y de alta vulnerabilidad social, pensando en la salud como un derecho inobjetable y para todos. Además de incentivar, desarrollar y lograr cambios estratégicos en su autocuidado y el de su familia.

“Uno de los objetivos de Volver a Sonreír fue devolver la función masticatoria, fonética y estética a estas mujeres. Pero, a  medida que su salud bucal cambiaba, que se sentían escuchadas en cada taller de los médicos del Centro de Salud  Nº 20, que lograban ese espacio propio dentro de la institución, iban transformándose, convirtiéndose en nuevas actoras de su salud, de su familia y de su barrio” -se entusiasma Estela-. “Es un proceso que responde a uno de los objetivos de transformación cuando hablamos de Salud Colectiva y es elemental al momento de dar sustentabilidad a un proyecto de transformación en salud”.

El anhelo que guarda por estos días la doctora Cenci es replicar este proyecto en el Centro de Salud de Potrerillos, donde Estela atiende dos veces por semana desde hace dos años. Si se dan las condiciones mínimas necesarias, la idea es comenzar a implementarlo en febrero próximo.

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