
El mundo podía atacarme de diez mil maneras. Yo no era vulnerable porque vos estabas para protegerme de todos los fantasmas.
Hoy, que te has ido porque la vida quiso arrancarte de esta Tierra, siento un desamparo inmenso.
Solo la tranquilidad de saber que te fuiste en el momento oportuno, que no sufriste y que ahora estás en PAZ, me reconforta el alma.
Tus enseñanzas, tu bondad, tu humildad, tu generosidad son las huellas que marcan nuestros caminos para siempre. No te vamos a defraudar.
Fuiste un regalo del cielo.
Jamás vas a dejarnos porque en cada momento de nuestras vidas vas a estar reflejado. En cada una de nuestras acciones cotidianas. En cada lucha, en cada alegría y, más aún, en cada silencio.
Te amaremos eternamente.
Sofía y Catalina Mas y Marcela Rinaldi

