viernes, abril 24, 2026
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Las ansias de vivir de Patricia

Por Onelia Cobos

Patricia Trigo siempre tuvo sueños propios. A los 13 años intentó transitar la escuela secundaria que el padre le ofreció como posibilidad de estudio, pero desde el comienzo no se sintió a gusto en la escuela.

Decidió entonces tomar los primeros cursos de peluquería, podología y belleza en general que tanto amaba y que sellarían toda su vida laboral.

Al hacerlo recordó la familia grande de su padre. Once hermanos a quienes él cortó el cabello en forma “amateur”, soñando con que alguien en el entorno profesionalizara la actividad-tarea.

Patricia tenía una habilidad manual natural y una personalidad afable que le permitían un trato fácil y cordialísimo con sus clientes.

Luchadora innata, no permitía que ninguna dificultad de la vida frustara su alegría de vivir en el trabajo elegido.

Definitivamente  pertenecía a los apostadores de lo positivo en la existencia y por lo tanto el día que decidió dejar de trabajar con relación de dependencia, sintió que un vuelo de libertad desplegaba sus alas para elevarla al cielo.

Paso a paso fue construyendo y armando su peluquería. La alegría de su construcción flotaba en el negocio. Recibió flores, plantas, afiches, palabras, estímulos de todo tipo desde el primer día que abrió su local.

Hacedora por excelencia, hizo de su pareja y de sus hijas el refugio perfecto para que los negros signos de los tiempos nuevos no invadieran sus vidas. A pesar de su juventud, mostró siempre una adultez y responsabilidad protectoras de la familia unida que nada tenían que ver con la liviandad con que muchos de su generación manejan la propia.

Ésto, involuntariamente, había creado a su alrededor el marco armónico donde descansaban sus clientas haciendo terapia al contar sus penas y calamidades.

En realidad, con cada brushing, con cada tintura, con cada corte de cabello, Patricia logra el descanso que brinda toda catarsis.

Pero lo singularmente descansador es su persona, la fluidez del trato, proveniente de alguien conectado consigo mismo, en eje, disfrutando de su realidad y de su esfuerzo.

Patricia  creía que ante cada hecho de suerte que recibía, debía devolverlo en ayuda solidaria. Entonces ayudaba permanentemente no sólo a sus hijas y esposo, sino a sobrinas, sobrinos, amigos.

La mañana que Onelia  encontró dos bellas sillas negras de herrería artística decorando un rincón del salón de peinados, sintió y entendió que el pueblo seguía tejiendo su  historia, integrando vidas.

Las sillas habían pertenecido a Clorinda Crescini cuando aún tenía su peluquería, decorada con muy buen gusto y aristocrático toque. Ahora, ya jubilada, se deshacía de sus  muebles de pátinas y filigranas de hierro, un verdadero encaje del dúctil metal tan útil en la industria como en el arte.

Esta familia vivió y Clorinda aún vive, en la calle Alem, una  corta calle de carolinos que une Larrea y Mitre. La unión familiar, la honestidad, la simpleza existencial, el actuar por el lado derecho de la vida fueron los símbolos de las largas trayectorias de las hermanas Crescini.

Y ahora la presencia de los asientos indican que los iguales se buscan para deleite del recuerdo y la nostalgia.

Onelia no pudo dejar de evocar a su madre, tantas veces sentada en esas sillas y a tantos viejos conocidos que durante muchos años desfilaron por la peluquería de Clorinda.

Patricia ya forma parte de la larga galería de queridos vecinos , “habitantes de Chacras de Coria “, como los llamó Victor Delhez, en sus increíbles  grabados.


1 COMENTARIO

  1. MI CHICA QUE HERMOSA ESTAS NADIE MAS BUENA CON UN CORAZON LLENO DE TODAS LAS COSAS VELLAS DE ESTA VIDA POR ESO TE MERESES LA RECOMPENSA MAS GRANDE …… QUE EN ESTE CASO PARA VOS LA RECOMPENSA MAS GRANDE ES EL AMOR LA AMISTAD LA HONESTIDAD ME SIENTO MUY ORGULLOSA DE VOS …. UN ABRAZO DE TU HERMANA MAYOR QUE TE QUIERE UN MONTON BESOSSSSSSSSSSSS GRANDE MI CHICAAAAAAAA

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