Magnifica Humanitas para la Economía Social

DOMINGO R. GODOY
Economía Social

Nuestro vecino, especialista en Economía Social, nos adentra en el significado y alcances de la Encíclica Magnifica Humanita, recientemente lanzada por el Papa León XIV, que pone el foco en los aspectos de la IA y avances tecnológicos, desde la óptica de la doctrina social de la Iglesia.
Magnifica Humanitas significa “la magnífica humanidad” o “la grandeza del ser humano”. En la tradición humanista y cristiana se usa para destacar la dignidad y vocación trascendente de la persona. El documento, presentado por León XIV, se inscribe en la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) y busca iluminar los desafíos actuales, especialmente los vinculados a la inteligencia artificial (IA) y la transformación tecnológica. Es oportuno recordarle al mundo los contenidos y la vigencia permanente y necesaria de la DSI.
Antecedentes de esta Encíclica: La Rerum Novarum
La encíclica Rerum Novarum (1891, León XIII) es considerada fundacional de la DSI. Respondió a la revolución industrial y la “cuestión obrera”, defendiendo la dignidad del trabajador, salario justo, descanso y condiciones humanas de trabajo; la propiedad privada como derecho natural, pero con función social; condena al liberalismo sin límites y al socialismo radical; apoya a sindicatos y mutuales; recalca el rol subsidiario del Estado para proteger a los débiles e insta a la colaboración y armonía entre clases sociales. Ya lo había anticipado él, pocos años antes, en la Encíclica Libertas. Dice el actual Pontífice que la Doctrina Social de la Iglesia “no es un código ético estático, sino un «patrimonio vivo de sabiduría» que camina con la humanidad y dialoga con las ciencias”.
Magnifica Humanitas: contexto y método
León XIV firmó esta encíclica el 15 de mayo de 2026, evocando igual fecha de la Rerum Novarum. Señala que vivimos una transformación mayor que aquella época: la IA afecta decisiones sobre la convivencia humana. Aclara que, aunque la IA imita funciones humanas, carece de conciencia moral, corazón y capacidad de amor, por lo que no puede sustituir el juicio humano en decisiones irreversibles. La Encíclica nació de un proceso de escucha iniciado en 2025 en el que científicos, ingenieros, políticos, familias y educadores aportaron preocupaciones y esperanzas. El Papa recogió también voces inquietantes sobre armas autónomas y algoritmos que generan exclusión en salud, empleo y seguridad.
Principios de la Economía Social y la DSI
El texto refuerza principios compartidos -rectores- de la Economía Social: Bien común, subsidiariedad y solidaridad, necesarios en la era digital para evitar monopolios de datos y algoritmos excluyentes; Justicia social: garantizar que lo digital sea camino de desarrollo humano integral y Trabajo y libertad: evitar la lógica del beneficio a cualquier precio, que deshumaniza.
El Papa cita a Tolkien: “Yo he aprendido que son los detalles cotidianos, los gestos de la gente corriente, los que mantienen el mal a raya. Los actos sencillos de amor”. (El Hobbit: un viaje inesperado).
Dignidad humana
La encíclica subraya la dignidad ontológica de la persona (n. 53), condena aborto y eutanasia (n. 55) y reafirma la familia como “bien social primario” (n. 165). En el capítulo tercero aborda el transhumanismo y el posthumanismo como riesgos: el transhumanismo busca potenciar al ser humano mediante tecnologías biomédicas y algorítmicas y el posthumanismo, en sus versiones radicales, plantea hibridación entre humano, máquina y ambiente, imaginando una nueva etapa evolutiva. El riesgo no es la técnica en sí, sino la visión que reduce al ser humano a materia perfeccionable. Esto puede llevar a aceptar “sacrificios necesarios” y marginar a los más vulnerables. El Papa insiste en reconocer el límite: incapacidad, enfermedad, ancianidad y sufrimiento no son defectos, sino espacios de maduración y apertura a la relación. La fe ayuda a habitar la ambivalencia entre grandeza y límite.
Bioética y datos
La encíclica introduce también NOVEDADES BIOÉTICAS: Denuncia el poder de perfilar y orientar comportamientos (n. 171); advierte sobre un nuevo “colonialismo” de datos sanitarios, genéticos y demográficos (n. 178); reclama transformar el conocimiento compartido en bien común, devolviendo a los pueblos la capacidad de decidir cómo se usan sus datos. Esto plantea una de las cuestiones morales más urgentes: evitar que la era digital sea colonial bajo otra forma. “La calidad de una civilización se mide no por el poder de sus medios, sino por el cuidado que sabe ofrecer” (n. 114).
Conclusión
Magnifica Humanitas no es un “sí” o un “no” a la tecnología, sino una invitación a que el progreso técnico no aplaste lo que nos hace humanos. Reafirma la centralidad de la persona, la dignidad del trabajo, la necesidad de solidaridad y el valor del límite. Frente a la IA y las narrativas trans/posthumanistas, se puede coincidir con San Juan Pablo II, que propone relanzar “la civilización del amor” y que “no es una utopía ingenua, sino un proyecto exigente, que consiste en traducir la caridad en estructuras de justicia” (cfr n. 186).

