No fue ni por sorteo ni por puntajes, fue porque así son las cosas del vivir y, a mÍ también, me tocó ser Abuelo. Trabajo lindo, si los hay, pero que tiene lo suyo.
Por lo pronto, hay un competidor en eso de hacer jugar a los nietos, porque de eso se trata este trabajo de Abuelo, ya pasó el tiempo de enseñar y/o dar consejos. Este competidor, imperial y globalizado el hombre, Don Fischer Price, ataca con todo: plásticos inofensivos, colores llamativos, sonidos estridentes y hasta luces parpadeantes tienen sus juguetes. Deja poco espacio para alguien, que como yo, es torpe y de poca creatividad.
Pero, nada como el amor para cambiarnos ¿no…?
Le estoy poniendo los toques finales a mi máquina de hacer Arcos Iris, nada menos.
Hacen falta varias cosas. La primera: Sol, se consigue en Mendoza fácilmente. La segunda, una manguera con agua, no tanto pero también, y la tercera, enfrentarlo al sol derramándole agua, él se encarga del Arco Iris.
Como complemento, depende del calor, se sugieren botitas de goma, amarillas y traje de agua, con capucha, de igual color.
Recorro el parque, a distintas horas, ya renuncié a las muy tempranas o muy tardes y también al mediodía, uno no encuentra el arco iris y si una lluvia fría.
Media Mañana, Media Tarde, ganas de llevarlo por ahí, por el parque, mostrándole, como hacía mi abuelo Gregorio, las sorpresas que lo esperan, y a fabricar Arcos Iris.
Luis Jait

