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El siglo de Troilo (segunda parte)

Cerrando los festejos por el centenario de Aníbal Troilo, publicamos en La Vitrola, la segunda parte del estudio sobre la carrera musical de Pichuco, y la evolución de su legendaria orquesta.

Por Nicolás Sosa Baccarelli

Piazzolla, Goñi y el dúo de vocalistas

Hacia 1940 ingresa a la orquesta un joven bandoneonista que había regresado de los Estados Unidos, era marplatense y se llamaba Astor Piazzolla. Los primeros arreglos del joven Astor ya denotaban por aquellos años, una visión de vanguardia.  En cuanto a las voces, Fiorentino alterna con Amadeo Mandarino. Se trata de una práctica muy frecuente en  Troilo (con algunos antecedentes pero sistematizada por él y seguida luego por numerosas orquestas): dos o tres cantores estables, cada uno con el repertorio que más se ajusta a su voz, a veces en dúos, otras, convocando a algún vocalista exclusivamente para grabar sin que forme parte de las presentaciones públicas de la orquesta.

Hablar de la primera etapa de la orquesta de Troilo es hablar, forzosa y felizmente, del piano de Orlando Goñi. Sus concepciones estilísticas, su mano izquierda, su estilo compadrón, dejarán una fuertísima impronta sobre la orquesta. Explicaba el especialista Luis Adolfo Sierra refiriéndose a Goñi: “Creador de una forma distinta en la conducción del conjunto, más elástica en la marcación, con predominio de los bajos bordoneados, y sus inconfundibles notas sueltas en los graves”.

1943-44: un punto de inflexión

En este período se producen varios hechos significativos en la historia de su orquesta. En setiembre se va Orlando Goñi e ingresa en su lugar José Basso, quien va a permanecer en la orquesta hasta 1947.

Ingresa Alberto Marino, un tenor insuperable con reminiscencias del canto lírico y un registro de voz amplísimo. Durante un breve período alternó en la orquesta con Fiorentino, dejándonos algunas valiosas piezas cantadas a dúo.  “Para recibir a Marino, (Troilo) hizo su orquesta más lírica, más llena de cuerdas…” analiza con total acierto, Ferrer.

Meses más tarde se retira de la orquesta Fiorentino (decide armar su propio grupo cuya dirección queda a cargo de Astor Piazzolla). A sugerencia de Alberto Marino ingresa Floreal Ruiz: sobrio y delicado cantor que deja 31 memorables registros junto a la orquesta de Pichuco.

Otro jalón en la historia de la orquesta es la incorporación de Argentino Galván, uno de los mejores arregladores que ha tenido la historia del tango. El arreglo para “Recuerdos de bohemia” (1945) fue sencillamente revolucionario, luego siguieron otras joyas invaluables.  (Sentenció, Galván, en una oportunidad: “Se puede ejecutar admirablemente un instrumento sin saber música, pero si no se tienen profundos conocimientos musicales, no se puede hacer un arreglo”).

Más músicos y nuevas voces

Recordemos que la orquesta comenzó con una formación de 3 bandoneones, 3 violines, piano y contrabajo. Al promediar la década la tendencia de Pichuco va a ser ampliar el conjunto sumando un bandoneón (y por momentos, dos) y aumentando la sección de cuerdas. Hacia fines de los 40 nos encontramos con una orquesta notablemente ampliada: 4 bandoneones (o 5, contando el de Fernando Tell que se incorpora), 4 violines, cello, viola, piano y contrabajo.

En julio de 1947 ingresa Carlos Figari en reemplazo de José Basso. Y poco después lo hace el cantor Edmundo Rivero quien alternará con Floreal Ruiz.

La década del 50 los encuentra con las voces de Edmundo Rivero, Aldo Calderón y Jorge Casal. En noviembre de 1950, comienza sus grabaciones para el sello TK (con 2 temas: “Para lucirse” y “Che bandoneón”); grabaciones que, lamentablemente, fueron muy deficientes. Sin embargo, la novedad vocal que dio el primer lustro de los 50 fue la incorporación de la voz de Raúl Berón.

En abril de 1953 Troilo estrena el sainete “El Patio de la Morocha” en el que presenta una orquesta numerosa: más de 30 músicos y 4 vocalistas. Sin embargo esta orquesta se creó especialmente para la puesta en escena del sainete y nada más. (Nombramos esta obra, atendiendo la novedad orquestal que trajo. La participación de Troilo en el cine y en el teatro, merecería un capítulo aparte).

La última novedad de 1954 fue el ingreso de Osvaldo Manzi al piano, en lugar de Figari.

Una nueva etapa

1955 es un año de escasa producción. La orquesta grabó muy poco y tuvo también muy pocas presentaciones en vivo y en la radio. En cambio, el 1956 abre una etapa de la renovación vocal de la orquesta. Para este año Pichuco cuenta con las voces de Jorge Casal y de Carlos Olmedo. Al año siguiente tenemos las voces de Ángel Cárdenas, Pablo Lozano y Roberto Goyeneche.  Sin embargo, también existen testimonios de la orquesta con la voz de Edmundo Rivero durante estos años. Esto se debe a que Troilo convocaba a este cantor solo para grabaciones.

En 1957 el piano vuelve a renovarse,  y con él, la orquesta experimenta una transformación notoria. Ingresa el pianista Osvaldo Berlingieri. Hasta este momento, a pesar de las evidentes diferencias, se puede hablar de una línea pianística Goñi-Figari-Basso-Manzi. Con la incorporación de Berlingieri y luego con la de José Colángelo (en 1968) la orquesta –desde hace bastante ya menos acompasada-, se vuelve más “jazzeada” y el piano adquiere otro protagonismo.

Los cuartetos

Mención aparte merecen los cuartetos. El legendario “Cuarteto Troilo-Grela” se formó en 1955,  y lo hizo con la siguiente integración: Aníbal Troilo (bandoneón), Roberto Grela (guitarra), Edmundo Zaldívar (guitarrón) y Enrique Díaz (contrabajo). También desfilaron, años más tarde por el conjunto: Ernesto Báez (en guitarrón), el contrabajista Eugenio Pro y Roberto Láinez (guitarra).

Ya sin Grela, el “Cuarteto Troilo” comenzó en 1968. Estaba integrado por Aníbal Troilo (bandoneón), Ubaldo de Lío –luego reemplazado por Aníbal Arias- (guitarra), Osvaldo Berlingieri  —suplantado luego por José Colángelo— (piano), Rafael Del Bagno (contrabajo).

Los años 60

Al año siguiente entra en el lugar de “Kicho” Díaz, el contrabajista Alcides Rossi. El cello está a cargo de José Bragato, y se incorpora un bandoneonista muy joven: Ernesto Baffa. La siguiente incorporación que juzgamos trascendental es la del maestro Raúl Garello a principios de los años 60, fiel discípulo de Troilo, acaso el último arreglador que tuvo la orquesta, bandoneonista de elevadísima altura.  Por estos años Troilo graba también con Elba Berón.

En los 60 la orquesta cuenta con las voces de  Roberto Goyeneche, Roberto Rufino; en 1964 hasta 1966, Nelly Vázquez y Tito Reyes. Desde 1967 en adelante, Tito Reyes y, sólo para grabar, Roberto Goyeneche.

Los videos disponibles en internet de la orquesta de Pichuco en televisión (donde canta Goyeneche y Tito Reyes), corresponden a actuaciones en Canal 7, durante el primer lustro de los 70. Finalmente, mencionamos a Roberto Achával como el último cantor que tuvo Troilo.

Son casi 485 registros discográficos de Aníbal Troilo, contando las 34 grabaciones de los cuartetos que dirigió (Cuarteto Troilo-Grela y Cuarteto Troilo) aunque se presume que hay otras que no llegaron al público.

Esto es lo que nos dejó, antes de que nos lo reclamaran del Otro Lado, así…  genio, gordo y bueno, para siempre.

Nota: El autor es periodista e investigador de música popular. Miembro en Mendoza de la Academia Nacional del Tango. Columnista en medios gráficos de Argentina y México. Escribe en el sitio digital “Todo Tango” y en otras revistas especializadas. Es columnista cultural de Correveidile y colaborador del suplemento Cultura de Diario Los Andes.

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