sábado, abril 25, 2026
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Anecdotario breve de un médico rural.

La esperanza es lo último que se pierde.

Solía visitarme periódicamente un paciente muy especial, por mí muy apreciado, por su fuerza vital y buen humor. Originario de lo Abruzos, aún a su avanzada edad conservaba prestancia, taconeando al saludarme cuando entraba al consultorio, parado como un húsar, con el brazo derecho doblado en ángulo recto, sosteniendo su antiguo y elegante sombrero, con mostachos cual manubrio de bicicleta, endurecidos con cerote, disimulando -o pretendiendo hacerlo- su baja estatura. Nuestra entrevista siempre empezaba igual, como para romper el hielo: ¿Cómo anda, Don N, qué lo trae por acá hoy?

“Dottore, se me empaña la vista”.

Ya le expliqué mil veces que a usted no se le empaña la vista, sino los anteojos. Como tiene flojas las patillas, el anteojo cae sobre su nariz y su propia respiración húmeda, hace que por el frío ambiental, se le empañen los cristales. Pero usted no ha venido a verme solo por eso…Ya le dije que la solución es ir a la óptica y ajustar el armazón….

“Madonna, qué ojo clínico que tiene osté, dottore….¿Cómo se ha dado cuenta?.Lo que me trae es muy grave. Osté sabe que perdí la Concetta el año passato, ¿no?…Sí, don N, estuve en el sepelio y sentí mucho su partida….Eh, bueno……conocí a una dama….osté sabe, la  soledad —y meno male que no se la presenté a los hijos. Resulta que hace unos días tuvimos un encuentro passionale, e ahora, al apretar el órgano, me sale una crema amarilla,  que parece un tubo de dentífrico…

¡Pero don N, ¡A su edad!…Ud. se ha pescado una blenorragia, gonorrea, conocida vulgarmente como chinche o purgación, que es una enfermedad secreta o venérea…Ahora, con un par  de inyecciones que le voy a dar, va a sanar pronto.

 Debo destacar que en ese momento el paciente tenía ochenta años. No volví a verlo hasta cinco años después.

Imagine el lector el nuevo encuentro, la misma introducción, las mismas actitudes y palabras, el mismo motivo inicial, hasta que lo interrumpo y digo ¿Pero Ud. no ha venido por eso, no? “¡Mamma mía dottore, qué ojo clínico que tiene osté!”

Vamos al grano, querido…El anciano no larga prenda. Lo había examinado, traía excelentes resultados analíticos y no decía nada. Entonces ataco, diciéndole: No me va a decir ahora que viene a verme por que no tiene erecciones???

Sempre lo dije,¡Qué ojo clínico que tiene!. De tanto en tanto se me pone  como el mástile de la bandiera della escuela

¿Y entonces, de qué se preocupa a su edad?

“Pararse, lo que se dice pararse, se para de vez en cuando….ma ya non scuppe!!!!!!”

No me quedó otra que pensar que la esperanza es lo último que se pierde…..

                                                                                    José Enrique Marianetti

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