viernes, enero 30, 2026
InicioCorreo de LectoresLos muertos también pagan ingresos brutos

Los muertos también pagan ingresos brutos

“Hubo una vez un pueblo” donde los muertos pagaban ingresos brutos.

Las boletas llegaban por correo a sus casas y el tiempo se deshilachaba entre presente y pasado, el mundo daba un brinco y se ponía al revés, y la realidad se vestía de siempre.

Nadie recordaba cuándo había comenzado esta fenomenología. El hecho es que los formularios ignoraban la partida de los vecinos que habían dejado este mundo, algunos, sin pedir permiso.

Este hecho no parecía importarle a la AFIP y,  Faustino Cobos, fallecido en diciembre del 2003, seguía recibiendo sus obligaciones tributarias.

Como el cartero era joven, le costaba encontrar las direcciones del pasado.

La casa  del largo y viejo zaguán en Viamonte 5252, frente a la antigua panadería Los Andes, no tenía el número a la vista, por estar gastado por el tiempo transcurrido. Era la casa donde Faustino Cobos había tenido su bicicletería durante más de medio siglo.

Entonces los repartidores miraban a su alrededor y descubriendo negocios nuevos, cercanos, dejaban los sobres de los impuestos, en casas como  “Que te regalo”, donde innumerables clientes entraban y salían a diario.

Los repartidores suponían que la dueña de la regalaría, podía hacer llegar en algún momento, los sobres con las boletas de deuda a destino, y ser entregados en mano.

En Noviembre, una aromaterapia natural, se apoderaba del lugar, al florecer los ligustros, sin timidez alguna, volcando un perfume floral abrazador, convirtiendo al lugar en un Asombro cerrado, preparado para la magia.

Ésto lo advertían sólo los viejos lugareños.

Entonces todo parecía lógico y explicable.

El presente y el pasado con sus gentes se engolfaban sin distingo alguno.

Era el momento en que los “ingresos brutos” no pagados, debían hacerlo al menos en un pago mínimo, por el titular ausente. ¡!!!

Una mañana cualquiera, un miembro de la familia Cobos, quiso blanquear y ordenar  esta situación e intentó explicar lo de la muerte del deudor en el 2003, pero al llegar a la oficina  correspondiente de la Dirección General de Rentas, el empleado lo miró y le dijo que los vivos y los muertos debían presentarse  y ordenar fiscalmente las deudas, en “esa” oficina que atendía los asuntos de un pueblo singular , casi “una república” aparte, y que los trámites los debían hacer los “titulares”, sin importar su condición existencial (vivo o muerto).

Onelia Cobos

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Must Read

spot_img