La casa del poeta que nació como capilla
Cuando don Luis Cerutti, creador del Cerro San Luis, compró los terrenos en 1948 para lotearlos, pensó inmediatamente en construir una capilla para uso común. Para ello se había traído especialmente desde Córdoba una imagen de la Virgen. Lamentablemente el Arzobispado no le permitió instalarla, ni tampoco abrir la capilla que construyó, por aquello de que pertenecía a un lugar privado y, además, porque para llegar a ella había que pasar por la pileta de natación comunitaria. Dos espacios con lógicas diferentes. Así es que nunca se la pudo utilizar como tal. Fue entonces que Don Luis se la vendió a la pareja de escritores y poetas Alfonso Solá y Graciela Maturo, quienes crearon allí su rincón en el mundo.

“Fue mamá quien en realidad la compró, en 1964, movilizada por la gran admiración que sentía por mi papá” comparte Pepa y explica que la compra fue en cuotas. “Juntaba unos pesos y se los llevaba a Cerutti”. Poetas, plásticos e intelectuales supieron compartir buenos momentos en ese mágico reducto. Hasta el por entonces sacerdote Rolando Concatti ofició allí una misa, haciendo buen uso de la función original de la casa de su amigo Solá González.

Nacida en Santa Fé y criada en el barrio porteño de Versalles, Graciela Maturo, vino a Mendoza a los 18 años, de la mano del poeta Solá González.

