Una huella del pasado industrial mendocino a la vuelta de la esquina
En los alrededores de calles Besares y San Martín, y a orillas del Canal Cacique Guaymallén, respectivamente, se alzan dos edificios de antiguas fábricas que conservan parte de la historia industrial de Mendoza. La planta de Carbometal, una de ellas, pionera en la producción de carburo de calcio y ferroaleaciones, tiene casi 80 años y actualmente alberga las oficinas de Tránsito de Luján de Cuyo. La otra, ex Electra,
Especialista en Patrimonio, la arquitecta Graciela Moretti considera que la comunidad podría impulsar su declaración como patrimonio provincial, en reconocimiento a su aporte al desarrollo mendocino.
La antigua planta productora de carburo de calcio y ferroaleaciones, pionera en la provincia, ya tiene casi 80 años y allí funciona la dirección de Tránsito del Municipio. Unas instalaciones en ruinas que recuerdan el intenso pasado fabril de una zona convertida en residencial y comercial.
Por Francisco Guerrero

La imagen de una fábrica en ruinas, al límite de Carrodilla y Chacras de Coria, marca el pasado industrial de una zona que se extendía a lo largo del canal Cacique Guaymallén hasta Godoy Cruz. La mayoría de esos establecimientos eran de la familia Casale. Hoy, la imagen es otra: un sector residencial y zona comercial muy marcada. Y allí, sobre Besares y San Martín se erige la torre de producción y planta procesadora de productos químicos e industriales de la ex fábrica Carbometal. Una edificación de casi 80 años y donde actualmente funcionan las oficinas de Tránsito del municipio de Luján de Cuyo.

El periodista de Luján, Miguel Títiro cuenta que Carbometal SA fue una gran empresa mendocina, totalmente integrada en la región de Cuyo, fundada en 1949 e inicio de actividad industrial en 1950 con la producción, por primera vez en el país, de carburo de calcio y ferroaleaciones. El carburo de calcio se utiliza para producir acetileno (para soldaduras) e hidróxido de calcio (cal).
Títiro resalta que el grupo industrial “fue fundado por don Pablo Casale en los años 50, quien al fallecer fue sucedido por su hijo, Florencio Casale, ingeniero químico desde 1942, quien durante un largo período había asimilado las enseñanzas y experiencias paternas”.
Cabe recordar que Pablo Casale fue quien donó un terreno de 35 hectáreas en La Puntilla, para el Aeroclub Mendoza, inmueble que fue expropiado en 1973 y quedó en manos del municipio, que lo cedió en comodato por 50 años al Aeroclub. Vencido ese acuerdo, la entidad aérea actualmente se encuentra gestionando el traslado a la base Cóndor de helicópteros de la Policía provincial, ubicado en el límite de Ciudad y Las Heras.
El periodista lujanino cuenta que basa su información en el libro “Esbozo de historia de Luján de Cuyo”, de Ramón H. Lemos y José Enrique Marianetti. Y continúa: “una de las importantes firmas del grupo fue Fabril Casale SA, con sede en la avda. San Martín, Carrodilla, cerca del actual emplazamiento del barrio Jardín Miraflores, casi frente a la calle Malabia, a corta distancia del importante nudo vial de calle Paso. Fabril Casale, empresa subsidiaria de Carbometal SA, se dedicó durante su época de actividad a la industria electrometalúrgica, girando con un capital de aproximadamente 10 millones de dólares. La producción estimada en valores actuales (años ’70 y ’80) es equivalente a 8 millones de dólares.
La producción de la firma fue el carburo de silicio en todas las granulometrías y variedades, totalmente absorbido por el mercado. Su producción era muy demandada por pedidos y requerimientos del mercado latinoamericano, cada vez más interesado en el carburo de silicio de Mendoza, por su excepcional calidad. Los principales compradores eran México y Brasil.
Al igual que las ferroaleaciones y otras producciones de Carbometal SA, la fabricación de carburo de silicio se basa, esencialmente, en la utilización de energía eléctrica, carbón residual de petróleo y minerales esenciales.
En sus últimas etapas, el control de la firma cambió de manos y el contexto económico imperante hacia fines de los 80 generó sucesivas crisis. Y en medio de esta problemática financiera para la firma, se generaron numerosas protestas vecinales por contaminación ambiental, porque en este sector ya se habían levantado decenas de barrios. La antigua y primigenia actividad industrial, daba paso a una de las zonas residenciales que más ha crecido en los últimos años en el Gran Mendoza. La planta cerró sus puertas en los años 90 y tras varios años de abandono, parte de sus instalaciones son utilizadas por la División de Tránsito de la Municipalidad de Luján.
Patrimonio industrial
Graciela Moretti, de la Dirección de Patrimonio de la provincia, comenta que el sitio no cuenta con la declaratoria patrimonial, que en definitiva es lo que la permite conservar y poner en valor el sitio. Y añade que, de acuerdo a lo que establece el TICCIH (Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial), este tipo de patrimonio se compone de los restos de la cultura industrial que poseen valor histórico, tecnológico, social, arquitectónico o científico.
Los motivos para proteger el patrimonio industrial se basan en el valor universal de la evidencia de las actividades que han tenido, y aún tienen profundas consecuencias históricas.
Moretti, opina: «Sería bueno si la sociedad civil se organiza y solicita que se declare patrimonio de la provincia este conjunto, por lo que significó para Mendoza. Considero que es una iniciativa que debe surgir desde la propia comunidad».
Pancho González, histórico vecino de Chacras de Coria cuenta que recuerda hechos de la historia de los Casale. «Para mi, el ingeniero Casale fue un visionario para la época, hizo cosas que son impensadas para la época, para una persona que era empresario, que tenía una capacidad de trabajo que era arrolladora. Además de Casale aquí, en Luján, tenía en El Nihuil (San Rafael), que era una planta más moderna, además allí hizo un barrio fenomenal para los trabajadores».

