Alerta en el sector vitivinícola
Hoy el mundo bebe menos alcohol y cambian las reglas del consumo. Caen las exportaciones argentinas y la industria busca adaptarse con nuevos estilos y propuestas.
Por Rosaura Etcheverry /Especialista en Comercialización de vinos
La industria vitivinícola atraviesa un momento de preocupación a nivel mundial y Mendoza, corazón del vino argentino, sigue de cerca esa tendencia. En distintos mercados el consumo viene cayendo y el país no ha quedado al margen.
Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), las exportaciones de vino argentino registraron una baja interanual del 7,2% en valor y del 6,8% en volumen. El retroceso responde a un escenario internacional complejo, con menor consumo en mercados clave como Estados Unidos y China, mayor competencia entre países productores y dificultades para sostener precios.
A ese panorama económico se suma un cambio cultural que inquieta al sector: las nuevas generaciones están bebiendo menos alcohol. Hoy circula más información científica sobre los efectos del consumo y crece la conciencia sobre el cuidado del cuerpo y del cerebro.
Lo que durante años fue considerado un hábito socialmente inofensivo empieza a ser cuestionado por sus impactos metabólicos, hormonales y neurológicos. Para muchos jóvenes, el disfrute ya no necesariamente pasa por beber más, sino por elegir mejor.
En el sector vitivinícola interpretan este fenómeno como parte de un proceso más amplio vinculado a la educación en salud. No se trata de dejar de celebrar o compartir, sino de hacerlo de otra manera.
Frente a este escenario, la industria comenzó a explorar nuevas alternativas. Cada vez aparecen más vinos con menor graduación alcohólica e incluso versiones sin alcohol, una categoría que crece en varios mercados.
La llamada Generación Z tampoco está abandonando el vino, pero sí lo está hackeando, reinterpretando. Lo consumen en formatos más informales, prueban combinaciones poco tradicionales o eligen etiquetas livianas y de menor alcohol. Ponen hielo en la copa, jalapeños en el blanco, abren latas de espumoso en la playa. Eligen vinos de bajo alcohol o directamente sin alcohol.
Beben menos, pero cuando lo hacen lo hacen bajo sus propias reglas. Y mientras medio sector se lleva las manos a la cabeza, ellos estan escribiendo el manual de consumo del futuro.
El vino ya no será la tradición heredada. Sera lo que en la Gen Z le dé ganas de beber. Y esa irreverencia, al final, es lo que mantendra vivo el consumo
El desafío para el sector será adaptarse a estas nuevas reglas y dar vuelta el negocio. La buena noticia es que si bien el consumo bajó, los que aún eligen beber toman menos cantidad pero de mejor calidad.


